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El día que mi viudez se canceló romance Capítulo 808

Marisa se sentó de golpe en la cama. El sueño se esfumó de su rostro en un instante, reemplazado por una lucidez absoluta.

Sabrina sonrió, creyendo que por fin había entrado en razón.

Estaba a punto de felicitarla cuando escuchó a Marisa murmurar para sí misma:

—Es verdad, tengo que arreglarme bien. Hoy voy a comer con mis papás, y si me ven demacrada o con mala cara, se van a preocupar muchísimo. Si empiezan a sospechar algo, todo se va a arruinar.

Dicho esto, Marisa saltó de la cama y corrió directo al vestidor.

Ambas tenían tallas muy similares, así que Marisa podía usar prácticamente cualquier cosa del armario de Sabrina.

El clima en Clarosol estaba perfecto ese día. Marisa eligió un conjunto de falda y chaqueta en un tono rosa pálido, casi durazno, y lo combinó con unos zapatos de tacón bajo en color crema. Todo el atuendo gritaba frescura, como si llevara la transición entre la primavera y el verano en la piel.

Se arregló rápidamente y se sentó frente al tocador para perfeccionar su maquillaje durante veinte minutos.

Sabrina inspeccionó el resultado final con ojo crítico.

—Nada mal, nada mal. Pareces la protagonista de portada de una novela de romance juvenil. Si no fuera porque casi es verano, juro que verte me alborotaría el corazón.

Marisa soltó una risita.

—Ay, cómo te gusta hablar tonterías.

Se dio una última mirada en el espejo, satisfecha con el resultado, y se preparó para salir.

Antes de cruzar la puerta, Sabrina le lanzó un beso al aire.

—¡Vaya ensayando su discurso para los premios Óscar, señora actriz! ¡Que todo salga bien y que no te descubran!

Al salir del edificio, Marisa vio el Bentley estacionado justo frente a la entrada. Se quedó pensando: *¿No se supone que está prohibido estacionarse aquí?*

Al instante siguiente, la ventanilla trasera bajó lentamente, revelando el rostro inexpresivo de Rubén.

—Sube —ordenó con voz neutra.

Marisa parpadeó, sorprendida. ¿De verdad había estado esperando ahí todo este tiempo?

Una vez que ella subió al asiento trasero, José arrancó el auto y se alejaron del edificio.

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