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El despertar del Dragón (Jaime Casas) romance Capítulo 891

En ese momento, Jaime notó el semblante demacrado del joven que lo hacía lucir mayor; tan pronto advirtió su presencia, Colín se le abalanzó para rodearlo entre sus brazos, antes de estallar en un desolado llanto. Ante su desconcertante comportamiento, Jaime se apresuró a indagar, consternado:

—¡Tranquilo! Colín, necesito que me digas qué sucedió.

Después de lograr tranquilizarse un poco, el joven intentó responder:

—Jaime…

De inmediato, volvió a estallar en llanto y mientras luchaba para ahogar sus sollozos, alzó un dedo, en dirección de un enorme salón al interior de la fortaleza; entonces, al adivinar la delicada situación, Jaime se apresuró al enorme recinto, dónde se encontraba un cuerpo, inmóvil y cubierto en hermosas sábanas color amarillo; una vez enfrente de la mesa al centro de la habitación, se dispuso a alzar parte de la elegante tela para descubrir la identidad de aquella persona. Sin embargo, antes de que pudiera continuar, escuchó una voz resonar, furiosa:

—¡Alto! ¡Guardias, detengan a ese hombre! ¡No permitiremos que profane el cuerpo de nuestro maestro! —exclamó uno de los discípulos de Leviatán ante su osado comportamiento.

De inmediato, apareció Colín, al tiempo que gritaba en un chirrido lleno de desesperación:

Al escuchar la violenta historia, el semblante de Jaime se endureció por completo y tras una breve pausa, justo cuando Colín se disponía a decir algo más al respecto, Jaime lo interrumpió al explicar, con voz gentil:

—Si bien es verdad que el Señor Zamudio se debate entre la vida y la muerte, aún hay esperanza; sin embargo, debemos asegurarnos de que nadie se entere de que logró sobrevivir a la batalla, pues dudo que El Estado de las Sombras sea capaz de defenderse ante otro violento ataque. —Al terminar de emitir aquellas palabras, advirtió que Colín parecía menos agotado; tras una pequeña pausa, añadió—: Me temo que debo marcharme para reunirme con la Secta del Dios de la Medicina, pero regresaré pronto.

Entonces, el joven se limitó a hacer un pequeño gesto con la cabeza; después de concluir con los planes, un enorme rayo de luz emanó de los pies de Jaime, antes de abandonar a toda velocidad aquel lugar.

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