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El despertar del Dragón (Jaime Casas) romance Capítulo 890

Esa noche, Jaime decidió escribir un manual sobre las diferentes técnicas de combate que enseñaría durante sus lecciones; a la mañana siguiente, le entregó el valioso libro a Salvador, al tiempo que le instruía que sus hombres deberían comenzar con sus entrenamientos de inmediato. Además, le contó acerca de su plan para visitar la Secta del Dios de la Medicina, dónde no solo Álvaro prepararía las pastillas de cultivación necesarias para el Ministerio de Justicia, sino que podría terminar la pócima que ayudaría a aliviar el agonizante dolor de Tomás y Fénix.

Tras escuchar su relato, Teodoro no pudo evitar sentirse nervioso; por ello, no dudó en comentar, con voz entrecortada:

—Señor Casas, me parece que debería acompañarlo durante su viaje; después de todo, sus enemigos de Ciudad Jade no dudarán en atacarlo en el camino. Es verdad que no soy un guerrero tan poderoso, pero estoy seguro de que podré protegerlo.

Ante sus cálidas palabras, Jaime se limitó a esbozar una pequeña sonrisa y tras una breve pausa, dijo:

—General Jiménez, no creo que sea buena idea, en especial, ahora que se avecina la competencia internacional, así que no se preocupe; le aseguro que estaré bien.

Entonces, Teodoro se limitó a responder:

—De acuerdo, Señor Casas, solo le pido que no dude en llamarme, en caso de algún problema; estoy seguro de que podré ayudarle, pues todavía soy un hombre muy influyente en Ciudad Jade. Después de todo, gracias a mis conexiones, logré convertirme el General del Ministerio de Justicia.

Después de limitarse a hacer un pequeño gesto con la cabeza, Jaime se apresuró a abandonar aquel lugar; sin embargo, justo antes de que cruzara el umbral de entrada, se detuvo y tras una pequeña pausa, encaró a Teodoro al indagar:

—General Jiménez, me pregunto si posee algún tipo de información sobre la ubicación del Estado de las Sombras, pues necesito visitar a su líder, Leviatán Zamudio…

Desde que Jaime había descubierto que el Estado de las Sombras era, en realidad, una de las facciones de la Secta Dragón y, por lo tanto, obedecerían sus órdenes, decidió reunirse con Leviatán para recolectar algunas pastillas adicionales. Casi de inmediato, Teodoro se dispuso a mostrarle un mapa con la ubicación de la próspera nación, que se encontraba justo al centro de un denso bosque a las afueras de Ciudad Jade.

—¡He venido a reunirme con el Señor Zamudio!

No obstante, uno de los hombres se apresuró a anunciar en tono severo:

—¡No mienta! Cualquier aliado del Estado de las Sombras sabe qué sucedió; entonces, regrese con la Familia Salgado o la Secta de la Tormenta. De otra manera, desataremos nuestra furia en su contra. —Al terminar de emitir esas palabras, los hombres se prepararon para iniciar su ataque; sin embargo, antes de que pudieran reaccionar, se escuchó la voz de Jaime al exclamar en un chirrido lleno de desesperación:

—¡Esperen! ¡Les aseguro que soy un aliado del Señor Zamudio! De hecho, pueden informarle a Colín acerca de mi visita; mi nombre es Jaime Casas.

Al escucharlo, ambos guardias entrelazaron las miradas por un momento, antes de que uno de ellos entrara a toda velocidad en la colosal fortaleza; tan solo un minuto después, un par de musculosas figuras aparecieron en el umbral de entrada.

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