Mientras tales pensamientos continuaban presentes, pasos ligeros se escucharon en el exterior. Viviana regresó a la realidad, mostrando tensión en sus facciones al alzar la cabeza hacia la entrada. El portal de madera se abrió sutilmente y Jaime ingresó primero; vestía la túnica dorada impecable, con facciones severas y un aura resguardada que transmitía autoridad por derecho propio. Un hombre y una mujer desconocidos para ella avanzaron inmediatamente detrás de él.
—¡¿Jaime?! —Viviana se incorporó bruscamente, con los ojos dilatados.
Jaime se detuvo frente a ella y la examinó minuciosamente con una mirada amable.
—Tu semblante muestra una notable mejoría; parece que las píldoras de los Draconianos resultaron efectivas.
Viviana bajó la cabeza sutilmente y las mejillas se le sonrojaron.
—Le expreso mi agradecimiento, Jaime. De no haber sido por su intervención, yo… no me encontraría aquí.
Jaime descartó la gratitud con un gesto.
—Conserve sus energías para la recuperación; estabilizar su salud constituye el aspecto principal. —Tras un instante, la joven dirigió la mirada hacia Luter y Gracia—. ¿Ellos corresponden a…?
Jaime se giró e indicó a sus acompañantes:
—Colaboradores de mi trayectoria: Luter y Gracia. Nos retiramos de la Ciudad Nubesca de forma conjunta y planificamos encontrarnos en los terrenos baldíos, pero surgieron dificultades en su trayecto; consiguieron localizar este emplazamiento el día de hoy.

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