Mientras tanto, Yoel había traído a Zandro de vuelta a la Ciudad Imperial de las Bestias.
Para demostrar su sinceridad, Zandro llevó toneladas de regalos y se hizo acompañar de decenas de sus súbditos.
Tigro, el general de la guardia real de la Ciudad Imperial de las Bestias los recibió en persona cuando llegaron a la puerta.
Sin embargo, su expresión cambió al ver a Zandro.
Sabía cuánto le gustaba Ivana a Zandro, y también sabía que Yoel pretendía que Ivana se casara con Zandro.
Por ello, Tigro supuso que Zandro debía de haber ido a casarse con Ivana al ver la enorme cantidad de regalos.
Por desgracia para Tigro, su estatus como guardia real era demasiado bajo comparado con el de Zandro, que era un príncipe.
Como no quería quedarse a ver cómo Zandro se casaba con Ivana, Tigro se marchó con cara de mal humor después de llevar a Yoel y Zandro a la ciudad.
Ivana vino corriendo cuando vio que Yoel había vuelto.
—Padre, ¿has vuelto? ¿Dónde has estado? ¿Por qué no me llevaste contigo?
—¡Ivana! —la llamó con alegría Zandro nada más verla.
Sin embargo, cuando Ivana vio a Zandro, la sonrisa de su rostro desapareció en un instante.
—¿Zandro? ¿Qué haces aquí, en la Ciudad Imperial de las Bestias? —preguntó con expresión gélida.
—¿Cómo puedes hablarle así a Zandro, Ivana? Fui a Ciudad Nortera a hacer una propuesta de matrimonio en tu nombre. Zandro volvió conmigo para casarse contigo —dijo Yoel.
Ivana frunció el ceño al escuchar aquello.
—¿Quién te dijo que me casaras con Zandro, padre? ¡Ni siquiera me cae bien! ¿Me pediste siquiera mi opinión antes de tomar esa decisión? De todos modos, ¡no voy a casarme con Zandro! ¡Puedes casarte con él si tanto te gusta! Ya tengo a alguien que me gusta —le espetó Ivana antes de marcharse enfadada.
VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El despertar del Dragón (Jaime Casas)