—Toma esto. Es la ficha de la Secta del Caldero Esmeralda. Sólo hay una ficha de este tipo, y quien la posea puede ejercer la misma autoridad que el líder de la secta. Puedes volver a la Secta del Caldero Esmeralda cuando quieras. Siempre te daremos la bienvenida, y yo siempre te esperaré —dijo Violeta.
Jaime recibió la ficha, y cuando sus manos se entrelazaron, ella se aferró a la suya durante un largo rato, sintiendo el calor de sus manos.
En ese momento, Jaime también se sintió un poco aturdido.
«Me sentiré culpable por hacer que una chica me espere el resto de su vida. Aun así, hay demasiadas cosas que tengo que atender ahora. No puedo quedarme mucho tiempo en la Secta del Caldero Esmeralda, ni puedo proporcionarle felicidad a Violeta».
Ya era bastante difícil para Jaime mantenerse a salvo en el Reino Etéreo. Si se juntaba con Violeta, ella también correría peligro. Incapaz de hacer algo tan egoísta, Jaime se armó de valor y se separó de ella.
Después, se metió la exquisita ficha en el bolsillo.
Justo cuando se soltaron las manos, Gamaliel entró en la habitación.
Al ver la cara enrojecida de Violeta, se apresuró a esbozar una sonrisa tímida y dijo:
—Disculpe. Debo haberme equivocado de habitación.
Gamaliel pensó que Jaime y Violeta estaban compartiendo un momento íntimo y no quiso molestarlos.
—Señor Salom, ¿necesita algo? —Cuando Gamaliel estaba a punto de irse, Violeta lo detuvo.
—Señorita Guerra, sólo vengo a informarle que, como acaba de asumir el cargo de líder, el primer día debe celebrar una reunión con los altos cargos de la Secta del Caldero Esmeralda —respondió Gamaliel.
—De acuerdo. Entendido. —Violeta asintió.
—Usted también puede asistir a la reunión, señor Casas, puesto que su estatus en la Secta del Caldero Esmeralda ya es superior al de un anciano como yo ahora —le dijo Gamaliel a Jaime.
—No participaré, ya que me voy a despedir —respondió Jaime con una sonrisa.


«El Reino Etéreo es demasiado extenso. Me resultará muy difícil encontrar a Josefina y a los demás. Aun así, ¡no me rendiré!».
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