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El despertar del Dragón (Jaime Casas) romance Capítulo 2657

Al escuchar eso, Violeta montó en cólera como era de esperar. Iba a atacar a Jaime, pero Gamaliel la detuvo.

—Señorita Violeta, el Señor Casas no es ese tipo de persona. Sólo se burla de usted. Creo que no vino aquí para ponerle las manos encima. Puedo decir que el Señor Casas ha estado con innumerables mujeres. Señorita Violeta, aunque tiene usted una buena figura y un semblante sobresaliente, creo que el señor Casas no está interesado en usted —se apresuró a explicar Gamaliel.

—Es usted muy astuto, Señor Salom. No puedo creer que sea capaz de darse cuenta. —Jaime no pudo evitar asombrarse.

«¿Cómo se ha dado cuenta el Señor Salom de que he estado con innumerables mujeres?».

—Señor Casas, la primera vez que lo traje aquí para ayudar a tratar a la señorita Violeta, noté la mirada indiferente en sus ojos cuando la contemplaba. No albergaba el menor atisbo de pensamientos pervertidos hacia ella. Por lo tanto, le creo cuando dice que no ha tocado a la señorita Violeta —explicó Gamaliel.

Al escuchar las palabras de Gamaliel, Violeta no pudo evitar sentir una oleada de competitividad en su interior.

—Jaime, déjame preguntarte. ¿Evitaste tocarme porque no soy tan bonita como las mujeres con las que has estado? —Ella tenía mucha curiosidad por saber por qué él no se le insinuaba.

—Tu figura y tu aspecto se consideran un poco por debajo de la media entre mis muchas mujeres —Jaime evaluó a propósito a Violeta mientras hablaba.

Violeta se enfureció al instante tras escuchar el comentario de Jaime.

—¿Cuántas mujeres tienes? ¿Sólo me consideran un poco por debajo de la media? Puede que no sea la mujer más bella del país, ¡pero confío en mi figura y mi aspecto! ¿Dónde están esas mujeres tuyas? Me gustaría ver cuánto mejor son en comparación conmigo.

Todas las mujeres eran muy competitivas en cuanto a su figura y apariencia, y Violeta no era una excepción.

—Ni siquiera sé con cuántas mujeres estoy en este momento. No puedo traértelas ahora, pero tengo un retrato aquí. Puedes echarle un vistazo, y sabrás lo inferior que eres a mis mujeres.

Jaime agitó con suavidad la mano mientras pronunciaba esas palabras. El aire frente a él se estremeció, y al segundo siguiente apareció un retrato.

La mujer que aparece en el cuadro es Cecilia. Llevaba un traje blanco y su larga melena caía en cascada sobre sus hombros. Sus rasgos faciales eran tan delicados como los de un ángel.

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«Si la mujer del cuadro tiene de verdad una relación con Jaime, es lógico que yo le resulte indiferente».

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