Al ver a Gamaliel, Jaime soltó a Violeta y dijo:
—Señor Salom, por favor, explíquele rápido. Estoy en una situación difícil. Su señorita Violeta está convencida de que le hice algo inapropiado y quiere vengarse de mí.
Gamaliel cayó en la cuenta. No tardó en aclarar:
—Señorita Violeta, en realidad invité al Señor Casas a tratar su estado. Usted fue envenenada y permaneció inconsciente durante años. A pesar de mis esfuerzos, no pude traerla de vuelta. Es gracias al señor Casas que ha recuperado la conciencia.
—¿Señor Casas? —Violeta se quedó sorprendida—. ¿No es tu discípulo?
—Señorita Violeta, permítame que le aclare. El señor Casas se convirtió en mi discípulo y se unió a la Secta del Caldero Esmeralda para poder acceder a la reserva medicinal... —Gamaliel comenzó a narrar a Violeta, haciendo un amplio recuento de las transformaciones ocurridas en la Secta del Caldero Esmeralda en los últimos años.
Cuanto más se enteraba Violeta, más furiosa se ponía. La revelación de que Heru había aprovechado la experiencia médica de la Secta del Caldero Esmeralda para amasar una riqueza considerable y acumular una plétora de recursos de cultivo la dejó furiosa.
Su padre había fundado la Secta del Caldero Esmeralda con el principio básico de curar y ayudar a los enfermos, dando prioridad a la compasión sobre las ganancias monetarias.
El hecho de que Heru se hubiera desviado tanto de este noble objetivo, transformando la secta en una entidad con ánimo de lucro, indignó aún más a Violeta.
Las lágrimas brotaron de su mirada cuando recordó a su padre, que había muerto envenenado.
—¡Debo darle una lección a Heru y recuperar la Secta del Caldero Esmeralda! —exclamó entre dientes apretados.



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