El frío metal sobre su piel puso los pelos de punta a Kerem. Estaba aterrorizado.
Si Jaime se movía un centímetro, su cabeza se separaría de su cuello.
Temblando de miedo, Kerem amenazó:
—J…Jaime, no, no actúes precipitadamente. Si me matas, mi padre nunca te dejará libre.
Cuando Lope vio que su hijo había caído en manos de Jaime, le entraron sudores fríos y rugió:
—¡Jaime, suelta a mi hijo! De lo contrario, ¡me aseguraré de que tengas una muerte dolorosa!
—¿Todavía me amenazas cuando ya estás en tu lecho de muerte?
Con una mueca de desprecio, Jaime levantó la Espada Matadragones y se disponía a blandirla sobre el cuello de Kerem.
En ese momento, el petrificado Kerem gritó:
—¡No me mates! No me mates. Te prometo lo que sea.
La orina le resbalaba por las piernas.
Al ver el patético estado de Kerem, Jaime se rio. Deteniendo su movimiento en el aire, bromeó:
—Llámame «abuelo» y te dejaré vivir.
—¡No te atrevas! —gritó inmediatamente Lope a su hijo al escuchar la petición de Jaime.
Si Kerem llamaba «abuelo» a Jaime, daría a entender que Lope era hijo de Jaime. En otras palabras, Kerem estaría diciendo que Lope le debe respeto a Jaime.
Atrapado entre la espada y la pared, Kerem parecía preocupado, inseguro de lo que debía hacer.
—Si te niegas a hacerlo, ¡muere!
Con eso, la Espada Matadragones en la mano de Jaime se acercó al cuello de Kerem. Este sintió el frío de la hoja al tocarlo, y luego el calor de su propia sangre.
—¡Abuelo! ¡Abuelo! ¡No me mates! No me mates... —Cediendo ante la presión, Kerem cedió y empezó a dirigirse a Jaime como su abuelo, para disgusto de Lope.
Jaime soltó una carcajada.
—Qué buen nieto eres.
Para mayor vergüenza de Lope, Casio y Bruno lo miraban con burla, lo que le hizo sentirse humillado.
—He hecho lo que me has pedido. ¿P…Puedes dejarme ir ahora? —Kerem lanzó una mirada suplicante a Jaime.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El despertar del Dragón (Jaime Casas)