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El despertar del Dragón (Jaime Casas) romance Capítulo 2386

Ante esa visión, Winsor soltó un fuerte grito de consternación y pronto se dio a la persecución.

—Esto está mal. He caído en su trampa. No puedo creer que a ese mocoso aún le quedaran fuerzas…

Al ver eso, los demás también siguieron su ejemplo.

Por fin cayeron en la cuenta de que Jaime había provocado a propósito a Winsor y luego había utilizado la fuerza del impacto del puñetazo de éste para escapar. Ese había sido su plan desde el principio.

Mientras Jaime iba delante, huyendo por su vida, Winsor y su grupo le pisaban los talones.

Aunque Jaime había desatado la Fuerza Definitiva, la cabeza le seguía dando vueltas, y sentía como si estuviera a punto de desmayarse.

—No puedo desmayarme. No puedo permitir que eso ocurra... —Se mordió la lengua con fuerza en un intento desesperado por permanecer consciente.

Sin embargo, pronto llegó al extremo más alejado del valle. Un oscuro abismo yacía al final del camino, donde el altar había sido destruido.

Innumerables fantasmas seguían saliendo del abismo y, tras percatarse de la presencia de Jaime, blandieron sus cuchillos y empezaron a cargar contra él.

Sin embargo, Jaime no deseaba luchar con los fantasmas. Por lo tanto, se hizo a un lado y los esquivó.

En ese momento, Winsor y el resto alcanzaron por fin a Jaime. Al ver que Jaime no tenía adónde huir, Winsor al final respiró aliviado.

«¡Todos se habrían reído de mí si lo hubiera dejado escapar!».

Cuando los fantasmas vieron que había llegado más gente, empezaron a atacar.

Mientras Huro dirigía a los demás para masacrar a los fantasmas, Winsor fijó su mirada en Jaime y se mofó.

—Casi caigo en tu truco, mocoso. Veamos a dónde más puedes huir ahora.

—Ya te he dicho que no puedes matarme, así que es imposible que muera a tus manos. No dejaré que eso ocurra... —Las comisuras de los labios de Jaime se curvaron un poco hacia arriba. Entonces, de un salto repentino, ¡saltó en dirección al abismo del que salían los fantasmas!

—¿Qué...? —Winsor se quedó estupefacto al instante. Jamás se le había ocurrido que Jaime saltaría allí.

Capítulo 2386 Redención 1

Capítulo 2386 Redención 2

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