El rostro de la señora Shirley reflejaba una mezcla de esperanza y nerviosismo. No obstante, para Lauren, al escuchar esas palabras, una profunda ola de emoción la inundó.
En su vida pasada, su mayor anhelo no era solo una familia, sino ser respetada. Durante los tres años que pasó con los Bennett, jamás experimentó respeto alguno. La golpeaban, le gritaban y le daban órdenes como si no fuera un ser humano, tratándola peor que a un perro.
Luego, cinco años en prisión la despojaron de toda dignidad, donde el respeto era inexistente, siendo pisoteada hasta el barro.
Pero ahora, a sus cinco años, finalmente recibía el respeto que antes solo había soñado. A la mayoría de los adultos no les importaba la opinión de un niño, mucho menos respetarla. Sin embargo, la familia Mavis la trataba con cariño y le brindaba seguridad.
Lágrimas llenaron los ojos de Lauren, quien abrazó fuertemente a la señora Shirley, rodeándola con sus brazos.
Sorprendida por su reacción, la señora Shirley le preguntó rápidamente:
—Cariño, ¿por qué lloras? ¿No te gusta el cambio de nombre? Si no te gusta, no lo cambiaremos. No llores.
Lauren negó con la cabeza mientras las lágrimas le corrían por la cara.
—Mamá, quiero cambiarme de nombre. Quiero formar parte de la familia Mavis. Es que… me ha emocionado mucho.
Con ternura, la señora Shirley acarició la espalda de Lauren. La niña, tan susceptible a las emociones, seguramente había padecido mucho en aquel orfanato. Era conmovedor. Desde ahora, se propusieron amarla aún más. Con un pañuelo, le secó las lágrimas con delicadeza.
—No llores, cariño. Si se te hinchan los ojos, no serás la niña más guapa de la fiesta.
Lauren Bennett… no, ahora era Lauren Mavis.
Lauren sorbió por la nariz y le dedicó a la señora Shirley una gran sonrisa.
Aliviada al verla sonreír de nuevo, la señora Shirley finalmente se relajó.
—¿Tienes sed? ¿Hambre? Te traeré algo para picar.
Elliot y Willow también los vieron.
Elliot se burló.
—¿Qué hacen aquí advenedizos como ustedes? Ah, claro, ya veo. Seguramente intentan usar la celebración de la princesa Mavis para codearse con las familias pudientes de la capital, ¿verdad? Tiene lógica. Para gente como ustedes, cualquier favor de esos ricachones, aunque sea insignificante, les resolvería la vida. Pero hoy no es su día de suerte, nos encontraron a nosotros. No crean que se saldrán con la suya. ¿Que los dejemos en paz? ¡Ustedes son los que deberían irse!
Víctor, aun recuperándose de la paliza del día anterior, fue atacado verbalmente por Elliot, quien lo consideraba basura y una rebaja del nivel del hotel. Elliot intentó echarlo físicamente. La ira de Lauren creció al escuchar la diatriba de Elliot, cuyo comportamiento consideraba malvado e injusto, pues siempre juzgaba sin conocer la verdad. No tolerando su sentido de superioridad, ni que tratara así a su hermano, Lauren abofeteó a Elliot, dejando una marca roja en su mejilla pálida.
—Suelta a mi hermano —dijo Lauren con frialdad, mirándolo con puro disgusto.
Elliot estaba tan estupefacto por la repentina bofetada que se quedó paralizado en el sitio. Cuando sus ojos se encontraron con los de Lauren, llenos de odio, su pecho se apretó con una desconocida oleada de miedo.
Willow se apresuró a intervenir, lista para saltar.

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