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El camino de venganza de la heredera rota romance Capítulo 321

Félix sintió que una fuerza invisible le aplastaba la garganta. Estaba tan seca que no podía emitir ningún sonido, y la pena en su pecho surgió. Miró los ojos claros y brillantes de su hija, tan llenos de esperanza, y sintió como si mil agujas se clavaran en su corazón. No podía soportar decirle la cruel verdad de que su madre se había ido, pero tampoco podía mentirle. Félix permaneció en silencio durante largo rato antes de hablar.

—Cariño, tu madre se ha ido a un lugar muy lejano. Ahora está en el cielo, velando por ti. Su mayor deseo era que crecieras feliz.

La niña pareció entenderlo. Asintió con la cabeza, con un parpadeo de tristeza en los ojos. Pronto sonrió con intensidad y dijo:

—¡Entonces, papá, ya vámonos a casa!

Al verla tan dulce y atenta, los ojos de Félix se enrojecieron. La acercó a su pecho, donde su pequeña figura encajaba a la perfección. Tal vez fue un vínculo natural entre padre e hija, porque, aunque Félix hacía todo lo posible por contener su dolor, ella seguía sintiéndolo. Levantó una manita y le acarició la cabeza.

—No llores, papá. Cuando lloras, yo también me siento muy triste.

Sus palabras hicieron que le doliera más el corazón.

—Vale. No lloraré. Te llevaré a casa ahora.

Se agachó para levantarla, pero la niña dijo de repente:

—Papá, aún no me he despedido del Señor Josh.

Félix hizo una pausa, luego se dio la vuelta y entró en la casa de Josh. El aire del interior apestaba a alcohol, pero todo estaba limpio y ordenado. Félix no sabía que los días que su hija estuvo aquí, ella fue demasiado madura, ordenando en silencio todos los días e intentando por todos los medios cuidar de un Josh destrozado.

Encontró a Josh desplomado en el suelo, hueco y sin vida, como si toda el alma hubiera sido drenada de su cuerpo. Félix suspiró y le ofreció:

—Josh, la vida tiene que seguir adelante. Te doy tres días para que te recompongas, vuelve al trabajo después de eso. Quizá mantenerte ocupado te ayude a olvidar el dolor.

Josh levantó la vista, con los ojos tan vacíos como un pozo seco. Sus labios se abrieron un poco, como si quisiera decir algo. Pero al final, se tragó las palabras y no dijo nada. Félix se acercó con la niña en brazos, ella se soltó y se acercó a Josh, extendiendo una manita para tocar su rostro.

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