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El Arquitecto De Mi Refugio romance Capítulo 98

Capítulo 98 Vanessa debía estar muy alterada por lo que pasó, porque se hundió en una pesadilla terrible. Tenía una expresión de dolor y no dejaba de temblar; se veía tan frágil que daba mucha tristeza.

Rafael se apresuró a abrazarla y le dio varios besos en la frente.

—Aquí estoy, no tengas miedo. Ya todo pasó.

Su mirada se volvió contenida mientras la rodeaba con más fuerza. La arrulló una y otra vez, como si estuviera calmando a una niña pequeña.

Vanessa sintió como si hubiera salido de un lugar horrible y desolado para refugiarse en un sitio seguro. Poco a poco se fue tranquilizando hasta que se quedó quieta en sus brazos.

Se acurrucó contra él, sintiéndose pequeña y protegida. Sus manos se aferraron con fuerza a la camisa de Rafael y, al sentir su aroma, se quedó profundamente dormida otra vez.

A Rafael se le ablandó el corazón. La abrazó con más firmeza y volvió a llenarle la frente de besos.

*** Vanessa no despertó hasta el mediodía. Estaba claro que se había quedado sin fuerzas, porque no había hecho más que dormir.

Cuando se levantó para arreglarse, no vio a Rafael por ningún lado y pensó que ya se había ido a la oficina. Sin embargo, al bajar las escaleras, lo encontró de pie detrás del sofá de la sala, hablando por teléfono frente al ventanal.

Su porte elegante resaltaba bajo la cálida luz del sol, y su cara se veía tan atractiva que incluso opacaba el resplandor que entraba por el vidrio.

Vanessa se quedó embobada mirándolo. Como vio que seguía ocupado con la llamada, no quiso interrumpirlo. En ese momento, Juana se acercó para decirle que le había preparado un caldo muy nutritivo y le pidió que se lo terminara todo.

Obedeció y se puso a comer. Mientras lo hacía, observó la silueta de Rafael y sintió un gran alivio, como si le hubieran dado una segunda oportunidad en la vida.

—El señor estaba muy preocupado por su salud. Se levantó temprano solo para decirnos que le preparáramos algo que le diera fuerzas. En serio, el señor la trata de maravilla —comentó Juana.

La mujer rio con ganas y añadió:

—Hasta a mí, que ya estoy grande, me da envidia.

Dígame, ¿dónde se consigue un esposo así de bueno?

Vanessa estuvo de acuerdo con cada palabra de Juana; Rafael era un hombre increíble. No solo era responsable, sino también muy tierno con ella.

Siempre la trataba mejor de lo que podía imaginar.

Al pensar en eso, levantó la mirada para verlo de nuevo. Él llevaba un pantalón negro y una camisa blanca, con un estilo relajado pero impecable. Se veía muy tranquilo, aunque su expresión se volvía seria cuando le hablaba a la persona al otro lado de la línea.

Era fascinante. Con razón era el hombre con el que todas las mujeres soñaban en Cartaluz.

Capítulo 98 1

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