Capítulo 97 Qué bueno que estaba él; menos mal que lo tenía a su lado.
—Lo hiciste muy bien esta vez —dijo Rafael después de secarle las lágrimas, mientras la observaba con una mirada protectora—. En el futuro, si algo no te da buena espina o te preocupa, dímelo o cuéntame qué pasa para que lo hablemos.
Vanessa podía notar cuánto se preocupaba por ella.
Esa ternura que antes le resultaba ajena, pero que últimamente se había vuelto tan común, hizo que sintiera un calorcito muy especial.
Al ver lo guapo que era Rafael, el corazón le empezó a latir a mil por hora. Esta vez la sensación era mucho más fuerte que en cualquier otra ocasión.
Parecía que, por fin, se estaba enamorando de él.
Sin embargo, no estaba del todo segura de si eso era lo que se sentía al estar enamorada.
Al verla con la mirada perdida, Rafael pensó que seguía asustada por lo que había pasado en la tarde y no quiso presionarla más.
—¿Tienes hambre? ¿Qué quieres comer? Te preparo algo.
—Lo que sea está bien.
—Bueno, levántate y lávatę la cara, la cena estará lista rápido. —Rafael le dio unas palmaditas suaves en el hombro y, cuando ella asintió, se levantó para salir de la recámara.
Media hora después, Vanessa terminó de arreglarse y bajó las escaleras.
Sobre el comedor había un plato de fajitas de res bien servido, acompañado con un huevo estrellado y un poco de cebollín picado encima. Se veía y olía delicioso.
Vanessa estaba sorprendida.
—¿Tú lo hiciste?
—Sí —respondió Rafael con voz suave—. Viví tres años en el extranjero, así que aprendí a cocinar para mí mismo.
Al oler el aroma de la carne, a Vanessa le rugieron las tripas de forma discreta y no pudo evitar dar los primeros bocados.
—Sabe riquísimo —comentó ella asombrada, levantando la mirada para elogiarlo con sinceridad.
En un instante, gran parte de la angustia que le había provocado Alexis desapareció.


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