"¡Sí vino!«
—Rafael, ¿qué haces aquí? —Yolanda corrió hacia ellos, impactada—.¿Por qué le haces eso a tu hermano? Suéltalo.
Él, con la cara totalmente tensa, le torció el brazo a Alexis y lo obligó a caminar hacia el interior de la casa.
Alexis, sometido y con el dolor provocándole sudor en la frente, no dejaba de quejarse.
—¡Cuidado! ¡Me duele! —gritaba mientras lo seguía a la fuerza.
Yolanda, sin entender qué estaba pasando, los siguió de prisa hasta la sala principal. Al ver el sufrimiento de Alexis, se sintió angustiada y desesperada.
—Rafael, di lo que tengas que decir. ¡Pero suéltalo, lo vas a lastimar!
—¡Sí, Rafael! ¡Suéltame, me duele mucho! — suplicó Alexis.
Vanessa ya estaba en la sala.
Rafael mantenía una actitud severa. Soltó el brazo de su hermano lentamente y les lanzó una mirada amenazante a ambos.
—En serio lo adoras, ¿no? —comentó con sarcasmo hacia su madre.
Yolanda quedó muda.
Alexis se frotó la muñeca, que sentía casi rota, y protestó con furia:
—¡Ni siquiera le hice nada! ¿Por qué me tratas así otra vez?
—¿Quién te dio permiso de tocarla? —Rafael lo miró de reojo, manteniendo su actitud implacable.
Él se plantó frente a Vanessa, protegiéndola con su imponente figura. Ese gesto dominante y protector hizo que el corazón de ella se acelerara.
Vanessa se quedó mirándolo, enfocada en el perfil de su cara. Sintió una sensación dulce y ligera, como si una suave brisa recorriera su interior, calmando todo a su paso.
Alexis se quedó callado, intimidado. No lograba entender por qué Rafael defendía a Vanessa una y otra vez, y mucho menos por qué siempre aparecía en el momento exacto. ¿Era coincidencia?

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