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El Arquitecto De Mi Refugio (Vanessa y Rafael) romance Capítulo 682

Vanessa bajó el tono.

—Eso déjalo así. El abuelo quizá regrese a la empresa pronto, así que durante este tiempo asígnale a alguien que lo acompañe y se encargue de su seguridad.

Daniel se limpió el sudor a escondidas y por fin se tranquilizó.

—Bueno.

Vanessa volvió a casa y le llegó un aroma delicioso. Apenas entró, miró hacia la cocina por instinto. Era tal como imaginaba.

Un hombre con pantalón negro de vestir y camisa blanca trajinaba en la cocina. Con un cucharón en la mano, revolvía la olla frente a él. Probó la comida y pareció satisfecho. Al escucharla entrar, levantó la mirada hacia Vanessa y se le suavizó la expresión.

—Llegas a tiempo. Ya podemos comer.

Vanessa contempló la escena y sintió una felicidad serena. Se acercó, miró a Rafael y le sonrió.

—¿Así que el señor Cisneros va a presumir de esposo ejemplar en la cocina?

Rafael llevaba puesto un delantal gris de rayas que lo hacía verse elegante y muy de buen marido, pese a su porte.

Esbozó una sonrisa, con una ternura que no intentaba disimular.

—Servir a la señora Cisneros es un honor para mí.

Levantó la mano y le pellizcó la punta de la nariz con cariño.

—Lávate las manos para comer. Yo llevo los camarones a la mesa.

—Bueno.

Vanessa sonrió y obedeció. Se lavó las manos y luego se apresuró para ayudarle a Rafael a servir los últimos platos en la mesa.

—Estos camarones a la mantequilla me tomaron su tiempo. Pruébalos, a ver si te gustan.

—Claro.

—Está buenísimo, Rafael, eres todo un chef en secreto. —Vanessa no escatimó elogios; le salían del corazón.

Se le notaban el asombro y el gusto, sin el menor disimulo. Rafael la miró con ternura y, al verla comer tan a gusto, sonrió satisfecho.

—Si te gusta, en adelante te lo preparo cuando tenga tiempo, ¿sí?

—Claro.

Vanessa lo miró conmovida y, al recordar todo lo que había pasado en esos días, se le llenaron los ojos de lágrimas.

—Rafael, eres un buen esposo.

Rafael, al escuchar eso, debería haberse alegrado. Pero sintió una punzada de decepción y no quiso darse por vencido.

—¿Solo de los buenos?

Vanessa se quedó pasmada unos segundos. Hasta ese momento ya había entendido lo que él sentía por ella, pero al parecer sus propios sentimientos no terminaban de aclararse. Vanessa le dio muchas vueltas, lo miró indecisa, a punto de hablar, pero sin atreverse.

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