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El Arquitecto De Mi Refugio (Vanessa y Rafael) romance Capítulo 678

Capítulo 678

Él era quien había estado con Vanessa, pero en apenas unos meses todo cambió. No lograba resignarse.

—Tío, tía, Vanessa y yo estuvimos juntos cinco años; lo de mi hermano con ella no es más que un matrimonio por conveniencia. En fin, sé que ahora tienen una idea muy equivocada de mí. Con el tiempo se los demostraré.

Alexis hizo una reverencia cortés y dio media vuelta para irse. Rafael lo sujetó de la muñeca. Tenía las facciones marcadas, el gesto serio y sombrío; arqueó una ceja y le lanzó una mirada dura.

—De ahora en adelante mantente lejos de ella, a menos que ya no quieras seguir en la compañía.

Habló con voz grave, autoritaria y cargada de advertencia. Alexis se quedó paralizado. Al sentir la fuerza con que Rafael lo sometía, por mucho que le hirviera el resentimiento, se le hizo un nudo en la garganta.

Se zafó de golpe y se fue con la cara desencajada.

Afuera, el auto arrancó y el ruido se fue alejando hasta que volvió el silencio. El ambiente quedó tenso, incómodo.

Graciela rompió la tensión sonriendo.

—Listo, por fin se fue. Vanessa, mira, Rafael te protege tanto que está claro que elegiste al hombre correcto.

Graciela se colgó del brazo de Vanessa en un gesto cercano y tierno. Al verla, Vanessa sintió como si estuviera viendo a su madre. Su mamá y su tía se parecían mucho. Ambas eran dulces y bondadosas.

Y, sobre todo, compartían algo muy importante.

Ambas la querían muchísimo. Vanessa se enterneció y alzó la mirada hacia Rafael con una sonrisa. Rafael, de pie a su lado, la miró y sonrió con ternura.

—Es lo que debo hacer.

—Así es. Un hombre debe ser responsable, dar seguridad y confiar plenamente en su esposa. — Héctor soltó una carcajada, satisfecho.

Graciela los invitó a sentarse a la mesa.

—Bueno, todos a sentarse; charlamos mientras comemos.

Graciela contemplaba aquella escena armoniosa y entrañable, y se le llenaron los ojos de lágrimas. Al terminar la comida, tanto Héctor como Rafael habían tomado de más. Héctor estaba más pasado.

Graciela le pidió al mayordomo que ayudara a Héctor a subir, y ella acompañó a Vanessa y a Rafael hasta la puerta.

Rafael todavía se veía bastante lúcido. Aun así, Graciela no dejó de recordarles: —Cuando tengan tiempo, vengan más seguido a comer. Y ustedes dos cuídense mucho; en el matrimonio lo más importante son la confianza y la sinceridad.

Tomó a Vanessa de la mano, le dio unas palmaditas y bajó la voz con cariño.

—Rafael es un buen hombre, se nota que sus sentimientos por ti son genuinos. Vanessa, la has pasado demasiado mal todos estos años; quiero que seas feliz, que disfrutes y que cuides tu hogar.

Vanessa miró a su tía, con la cara llena de ternura, y al acordarse de su madre se le escaparon lágrimas de emoción.

Bajó la cabeza y asintió decidida.

—Tía, así será.

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