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El Arquitecto De Mi Refugio (Vanessa y Rafael) romance Capítulo 674

Capítulo 674

Alexis volvió a fingir cara de enamorado herido, bajó la cabeza y se hizo la víctima. Vanessa no quería mirarlo ni un segundo más, así que le pidió a Rafael que se fueran. Rafael asintió. Antes de salir, arqueó una ceja, despectivo.

—¿Para qué volver a la empresa? Métete al mundo del espectáculo y ponte a actuar, ahí seguro tienes un lugar reservado. El papel del marido arrepentido que pasa por un calvario, tan de moda últimamente, te queda perfecto.

Rafael dejó en evidencia a Alexis con ese sarcasmo, y a Alexis se le puso morada la cara de coraje. Quedó en ridículo.

Vanessa admiraba lo fácil que a Rafael le salía el sarcasmo. Sin importarle que Alexis siguiera ahí, lo tomó del brazo y se lo llevó.

Los dos subieron al auto. Ricardo arrancó enseguida y se alejó de la delegación. Alexis vio lo cariñosa que Vanessa era con Rafael y los celos lo enloquecieron.

¡Vanessa era suya!

¡Solo podía ser suya! En el auto, Vanessa ya estaba de mucho mejor humor. Miraba a Rafael con una sonrisa que apenas podía contener.

—Es tu hermano, ¿sabes? Con todo lo que le dijiste

hace rato, ¿no te da miedo haberte pasado con él y lastimarlo?

A Rafael se le entristeció la mirada. Tragó saliva antes de hablar con voz ronca.

—Tú eres más importante que nadie. Y además, lo de ser hermanos da igual.

Vanessa sintió una tibieza íntima; nada le gustaba más que sentir que él la elegía con esa firmeza. Al verla sonreír, Rafael suavizó la mirada. Alargó la mano, tomó la de ella y sonrió.

—¿De qué te ríes?

Vanessa lo miró con una sonrisa contenida.

—De que sigues hablando con la misma falta de tacto de siempre.

—Ya te acostumbrarás.

—Hoy te pasaste todo el día yendo de un lado a otro en tacones, estás agotada; si no te los masajeo bien, no vas a dormir tranquila.

Rafael la miraba con ternura mientras la arrullaba con mimo.

—No te preocupes, ya duérmete, pórtate bien; en cuanto te duermas, yo también me duermo.

Con ese ángulo y esa voz, Vanessa pensó sin saber por qué en el muchacho que la había salvado. Pero tenía demasiado sueño, y encima Rafael la masajeaba tan bien que se le cerraban los párpados de puro cansancio. Entre sueños, murmuró: —Rafael, eres tan bueno conmigo que ya no quiero dejarte.

Aunque habló entre dientes, la habitación estaba en silencio y Rafael alcanzó a escucharla.

Rafael dejó asomar una emoción intensa en sus ojos profundos. Las manos se le quedaron quietas unos segundos, bajó la mirada y sonrió con alivio.

—No te pido que me ames; me basta con que sigas a mi lado, que me acompañes, que aceptes estar conmigo. Con eso me basta.

Rafael notó que su respiración se había vuelto pausada y que ya parecía dormida. Tragó saliva muy despacio y dijo con ternura: —Con que yo te ame, basta.

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