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El Arquitecto De Mi Refugio (Vanessa y Rafael) romance Capítulo 609

Capítulo 609

Vanessa se conmovió y sonrió con más alegría.

—Está bien, está bien, voy a confiar en el señor Cisneros una vez más.

Rafael volvió a tomarla por la nuca y la atrajo hacia abajo. Le besó los labios con fuerza у, mientras la besaba, murmuró con voz magnética.

—Felicidades. Esta será la mejor decisión de tu vida.

A Vanessa le quedaron los labios hinchados de tanto beso; cuando llegó a casa y se miró al espejo, todavía se notaba.

Ahora, con solo pensar en Rafael, todos esos reproches y aquel desánimo se le habían borrado; sentía una ternura cálida y desbordante.

A la mañana siguiente, temprano, ella y Federico se prepararon y partieron juntos al lugar de la licitación. En el camino, Rafael le escribió:

 "No te pongas nerviosa, basta con que confíes en ti misma".

Rafael siempre sabía darle ánimo y confianza en el momento justo, y ella sonrió sin querer.

"Espera mis buenas noticias, señor Cisneros.

Acuérdate de tomar tu medicina".

"Te espero" Dos palabras simples que, sin embargo, le transmitían una fuerza inmensa. En ese momento Vanessa rebosaba confianza, y no solo por Rafael, sino sobre todo por el Grupo León.

No quería perder.

Para llegar, viajó con Federico en la camioneta ejecutiva de la empresa, de cabina amplia y lujosa. Federico cruzó sus larguísimas piernas, que no hallaban dónde acomodarse, esperó a que ella colgara y sonrió con ambigüedad.

—Parece que la señorita está de buen humor hoy; debe de tener mucha fe en mi estrategia.

Vanessa levantó la cara con serenidad y lo miró.

—Espero que el director Serrano cumpla lo que

promete y no se quede en pura palabrería.

Esta vez Édgar había lanzado amenazas serias ante los medios. Estaba decidido no solo a quedarse con los derechos de desarrollo del terreno, sino que además proclamaba que iba a poner fin a la colaboración con el Grupo León.

—Vanessa, llegaste.

Ella soltó un escueto "ajá", sentada con la espalda recta y elegante, el semblante imperturbable, sin siquiera mirarlo.

Federico levantó apenas las cejas; notó que ella estaba desganada, sin intención de prestarle atención a Alexis, y por buena educación tomó la iniciativa de saludar.

—Pensaba que Alexis ya no se metía en los asuntos de Grupo Firax. ¿Por lo visto va a volver a hacerse cargo?

—Solo vine a acompañar a mi padre, nada más.

Alexis le echó una mirada y, con algo de fastidio, le contestó con un par de evasivas; luego, en voz baja y suave, intentó volver a conversar con Vanessa.

—Cuñada, ¿ya te sientes mejor? Vi que apenas descansaste un par de días por la enfermedad y ya volviste al trabajo. ¿Y la herida de la mano, cómo va?

Alexis se mostraba muy tierno y atento, como si le importara mucho.

—¿Estás mal de la cabeza?

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