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El Arquitecto De Mi Refugio (Vanessa y Rafael) romance Capítulo 603

Capítulo 603

—Pues claro. Si no, ¿por qué eso de salvarle la vida a alguien iba a quedar en el olvido de la noche a la mañana? Que yo sepa, la familia León tampoco es tan desalmada.

Cuanto más lo pensaba Leonardo, más raro le parecía. En su momento no le dio mucha importancia, pero ahora le quedaba la sensación de que había algo oculto, algo que nadie sabía.

Sergio le dio la razón.

—Pero primero hay que preguntarle a Rafael en algún momento.

—Está bien.

Vanessa volvió a Residencial Los Álamos, se dio una ducha y, apenas se acostó, tomó el celular y llamó a Rafael.

—¿Ya se fueron Leonardo y Sergio?

—Sí, se acaban de ir. ¿Vas a descansar?

—Hablo un rato contigo y luego descanso.

Conversaron de cosas cotidianas. La distancia entre ellos se había acortado bastante después de lo de ese día. La actitud de Vanessa hacia él ya no era tan fría como antes; era como si, sin darse cuenta, hubiera empezado a aceptarlo.

Bromeó a medias.

—¿No será que sin mí al lado no duermes bien?

—Pues yo estos días he dormido de maravilla, señor Cisneros. Eres demasiado vanidoso.

—Ah, ¿sí? Por lo visto no soy muy importante para mi esposa. Yo, en cambio, todo el tiempo que no estuviste, dormí bastante mal.

Rafael rio, pero su tono era serio, como si se estuviera sincerando con ella.

Vanessa se quedó un instante perpleja. Costaba imaginar que un hombre que arrasaba en los negocios, frío y contundente en su forma de actuar, fuera capaz de decir esas cosas.

—Cúrate bien esa herida, no pienses en el trabajo y dormirás mejor. Lo que necesitas ahora es descansar.

—Lo que necesito eres tú, cariño —lo dijo Rafael con todo el descaro del mundo, sin el menor asomo de querer endulzarle las palabras.

—Otra vez te pusiste en modo conquistador, señor Cisneros. —Vanessa lo molestó, entre risas.

Vanessa se enterneció y dijo con una risa suave:

—Bueno, entendido.

Dicho esto, colgó sin querer hacerlo, pero le quedó una sensación dulce; sin pensarlo, se llevó el celular al pecho y lo apretó contra sí.

Rafael no estaba mucho mejor que ella. Sus ojos negros como la noche se iluminaron, como si disiparan las sombras de aquellos días, y sonrió ampliamente. Por muy guapo que fuera, si Leonardo lo hubiera visto con esa sonrisa, lo habría molestado diciéndole que se veía ridículo.

A Rafael se le notaba la emoción. Vanessa ya había empezado a perdonarlo y a permitir que se le acercara. En cuanto el abuelo Roberto se recuperara, todo se resolvería solo.

Por primera vez, se sintió ilusionado y se juró que nunca más dejaría que nada se interpusiera entre ellos. La llamada de Federico interrumpió el buen humor de Vanessa.

—Señorita, pasado mañana es la licitación. Ya debería tener una respuesta.

Vanessa reaccionó; por poco se le olvidaba el asunto. Ya había pensado en el tema que Federico mencionó, y Daniel también le había enviado el informe de investigación una hora antes. A primera vista, Federico se entregaba en cuerpo y alma al corporativo; era una persona digna de confianza.

Lo crucial era que Vanessa no confiaba en el subsecretario Quintana.

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