Cuando Vanessa entró, vio a Ricardo de pie junto a la cama, dándole un reporte de trabajo. Escuchó a Rafael, con voz aterciopelada:
—Bien, hazlo así. Resuélvelo cuanto antes.
Ricardo asintió.
—Entendido, señor.
Luego se hizo a un lado, saludó a Vanessa con respeto y, una vez hecho eso, salió. Rafael no le quitaba la mirada de encima; sonreía apenas, con un brillo ardiente, casi inquisitivo, en sus ojos oscuros.
—Llegas tarde. Ya pensaba que te habías olvidado de mí.
La ventana estaba abierta y dejaba entrar la brisa de la noche. El frescor que se colaba poco a poco le daba algo de frío a Vanessa; en cambio, la forma en que Rafael la miraba parecía quemar como el fuego.
—Tengo cosas que hacer. No me la paso ociosa todo el día sin nada que hacer, cuidándote a toda hora.
Vanessa bajó la mirada y dijo esa frase que tantas veces había escrito para el patán de turno en sus guiones.
Y, en efecto, funcionó. Rafael se entristeció un poco.
—Entonces, parece que me convertí en una carga para ti.
—No quise decir eso. Eres tú el que se pasa el día pensando de más.
Rafael no supo cómo responder y apenas se le tensó la expresión. Vanessa hizo como que no lo veía y le preguntó:
—¿Ya comiste?
—Ya.
—¿Y la medicina?
Ante su mirada, Rafael sonrió, con los ojos profundos y risueños.
—Me la tomé.
Vanessa lo examinó. La venda lo envolvía desde el hombro hasta el pecho; por el color, se notaba que era nueva. Esa mañana lo había confirmado con el médico tratante. Su herida sanaba bien.
Con unos días más de reposo, ya podría salir del hospital. Aun así, había sido una herida grave, y lo principal seguía siendo cuidarse bien. Por las órdenes que acababa de darle a Ricardo, Vanessa dedujo que en ese momento seguía preocupado por el trabajo.
Pero no se lo dijo de frente, sino que le insistió en que descansara todo lo posible.
—Ricardo me contó que ya encontraste a quien le tendió la trampa a Bianca.
Rafael preguntó sabiendo la respuesta, como buscando un pretexto para conversar con ella. Vanessa levantó los párpados y asintió sin mayor expresión.
—Sí, ya lo encontré.
—Malagradecida. Dame una.
En vista de que él le había salvado la vida, Vanessa no se negó.
Volvió a tomar una pera, con el ceño apenas fruncido y un gesto serio. Se veía radiante y encantadora, pero a Rafael le pareció solitaria y frágil.
Su expresión se tensó de un modo casi imperceptible y sintió una punzada extraña.
—¿Cómo sigue el abuelo? ¿Todavía no despierta?
Vanessa se detuvo a media acción.
—No. El profesor Ulloa dice que el tratamiento está funcionando, que quizá el abuelo despierte pronto.
—Yo le creo al profesor Ulloa, y también le creo al abuelo —dijo Rafael con sinceridad.
De esa forma, la herida que ella llevaba dentro podría sanar un poco. Vanessa no sabía qué pensaba él; con los párpados bajos, soltó apenas un leve “ajá” al escucharlo. Cuando terminó de pelar la pera, se la pasó a Rafael.
—Esta te la comes tú. Quiero que te la acabes.
—Me das una pera con tus manos; por supuesto que acepto y me la acabo. —Rafael seguía sonriendo, y en sus ojos negrísimos asomaba su ternura.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Arquitecto De Mi Refugio (Vanessa y Rafael)
Me pueden decir en qué momento se aman felices Vanessa y Rafael? Ya estoy aburrida de leer lo mismo...
Cómo se obtienen bonos?...
Es la única manera de desbloquear más capítulos, no hay forma para ver videos promocionales o algo así?...
Suban más de Bianca y Sergio esa historia está más interesante ahora...
Porque tengo que pagar si dice "completamente gratis" antes de ingresar a la página????...
Demasiado vuelta para lo mismo , la escritora se le fue la paloma...
Pago por los capítulos y me salen incompletos…....
Uuuyy es desesperante Vanessa y Rafael que no se hablen con la verdad, y ya despues de 728 capitulos que todavia no sepa quien la salvo es exagerado....