Capítulo 59 El anuncio incluía una breve descripción del guion, y la trama principal era la misma que la que Vanessa había escrito.
Para ser francos, no solo eran del mismo género, sino que el nivel de coincidencia entre las historias era alarmante.
—A estas alturas ni siquiera te han avisado; solo se mueren por darle la oportunidad a esa mujer. Para mí que usaron sus influencias —comentó Fernanda por teléfono, indignada por la injusticia.
Vanessa entrecerró los ojos con frialdad.
—Si ellos no me buscan, yo los buscaré a ellos.
Tras colgar, Vanessa regresó a la oficina. En la sala de juntas, el productor y el director terminaban una reunión con el personal correspondiente.
Vanessa entró en la sala y pidió explicaciones sobre el asunto.
El productor suspiró.
—Mira, el mercado está saturadísimo; todo se trata de ser rápidos y certeros. Las oportunidades no duran para siempre y a tu borrador le falta al menos medio mes. Mientras tanto, vamos a filmar un guion que ya tenemos listo para ver cómo reacciona el público. Si le va bien, el tuyo podría ser el siguiente.
La lógica era irrefutable, pero había un problema.
—El proyecto que piensan filmar es casi idéntico al que tengo —soltó Vanessa con una sonrisa sarcástica—. ¿No será que le dieron mi estructura y mi sinopsis a alguien más?
Solo el productor y el director conocían la trama principal y los personajes de su obra. Que ambos textos fueran tan parecidos no podía ser una coincidencia.
El productor arrugó la frente.
—¿Qué estás tratando de decir?
—Le entregaste mi borrador a otra persona, ¿verdad? —Vanessa estaba casi segura—. Se lo diste a Natalia.
El productor se quedó pasmado, pero golpeó la mesa con furia y se levantó.
—¡Vanessa! ¿Estás consciente de que eso es una difamación?
El productor se llamaba Gonzalo Tapia; era un hombre de mediana edad, alto, delgado y de aspecto refinado que usaba anteojos.


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