Capítulo 54 El hombre vestía un traje oscuro, con una cara fría y una mirada imponente; su presencia dominante intimidaba a cualquiera. Su aparición causó un gran revuelo en el lugar.
A esta recaudación de fondos habían asistido las élites egresadas de la Universidad de Cartaluz, personas con grandes logros en diversos campos.
Sin embargo, ninguno podía compararse con Rafael.
—Es el señor Cisneros, de Grupo Firax, el verdadero líder de la familia —exclamó alguien con asombro. Alexis, a quien hace un momento habían puesto por las nubes, parecía un chiste.
Solo había un señor Cisneros. Y ese era Rafael.
El rector Tamayo fue personalmente a recibirlo. La expresión de Rafael se suavizó un poco y comentó que él mismo se encargaría de lo ocurrido ese día.
El rector asintió y aceptó de buena gana.
Todos se mostraron muy respetuosos con Rafael, dejando a Alexis relegado a un segundo plano. El corazón de Alexis se retorció; apretó los puños en secreto mientras oscuros pensamientos comenzaban a brotar en su interior.
—¿Será él? —Bianca no tardó en vinculario con los trescientos millones de dólares y se volteó para mirar a Vanessa.
Vanessa sacudió la cabeza; no lo sabía. Desde aquella llamada, su relación, que apenas empezaba a mejorar, parecía haber vuelto al punto de congelación; ni siquiera estaba enterada de que regresaría ese día.
Vanessa se quedó mirando a Rafael mientras él se acercaba, y solo entonces reaccionó.
—Pensé que no podrías volver hoy.
—¿Si no volvía, ibas a dejar que esta gente te pisoteara? —preguntó Rafael, sin revelar sus emociones—. ¿Ya olvidaste cómo defenderte?
En el pasado, Alexis decía que Vanessa tenía un temperamento de princesa, insoportable y caprichoso. Para complacerlo, ella se esforzó por cambiar y poco a poco se volvió más paciente.
Vanessa hizo un puchero, sintiéndose agraviada.
—Son demasiados. Bianca y yo no podíamos contra tantos.
Bianca abrió mucho los ojos. ¿Había visto bien?
¿Vanessa se estaba haciendo la débil frente a él?
No podía quedarse atrás, así que asintió para apoyarla.
—Si no llegas a tiempo, me temo que no salimos vivas de aquí.

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