Capítulo 45 Vanessa sonrió para sus adentros. Si de poner a alguien en su lugar se trataba, nadie le ganaba a Bianca.
—Bianca, deja de meter las manos por ella —dijo Natalia con la cara desencajada—. Esto no tiene nada que ver contigo.
—¿Qué pasa? ¿Te da miedo admitirlo? Fuiste bastante descarada cuando hiciste todo aquello, así que no sé de qué te preocupas ahora. Ah, lo olvidé —añadió Bianca con un bufido de desprecio —, es el truquito de siempre de hacerte la inocente.
—Bianca, no seas tan grosera —dijo en tono justiciero la mujer que acompañaba a Natalia.
Se llamaba Karla Ruiz; las cuatro habían sido compañeras en la universidad.
Al verla, la mirada de Vanessa se volvió hostil.
Karla había sido la cómplice de Natalia en todas las canalladas que le habían hecho a Vanessa en el pasado.
Eran tal para cual.
Bianca dio un paso al frente para proteger a Vanessa.
—¿Todavía sigues de perrita faldera de Natalia?
Karla, en serio que no cambias —atacó con sarcasmo—. Te la pasas lamiéndole las botas a los demás que ya ni te has de acordar de quién eres.
En silencio, Vanessa le dio el visto bueno.
¡Eso era todo! Estaba lista para animar a su amiga.
—¡¿Qué dijiste, Bianca?! —exclamó Karla con la voz quebrada de la furia, amagando con levantar la mano, aunque se arrepintió.
—Inténtalo si te atreves —advirtió Bianca con la mirada amenazante.
Con su metro setenta y cinco de estatura y aun usando botas de tacón bajo, su imponente presencia las intimidaba.
Karla se quedó callada; no tuvo el valor.
—Tú llamas a Karla perrita faldera, ¿pero qué no eres tú la segundona de Vanessa? —respondió Natalia, furiosa.
Llevaba un vestido de cuello halter que dejaba ver sus clavículas y gran parte de sus brazos, ocultando la quemadura que tenía en el pecho.
—No compares a Karla con Bianca, no le llega ni a los talones —dijo Vanessa mientras se ponía al lado de su amiga. Fijó la mirada en el pecho de Natalia y añadió—: ¿Sientes que no fui lo suficientemente dura la última vez? ¿Quieres que sigamos?
La mirada de Vanessa la quemaba como si fuera fuego, haciéndola revivir el dolor de aquel día.
—¡Estás loca! —se estremeció Natalia por dentro —. ¡Con razón Alexis te canceló el compromiso!

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