Capítulo 39 Alexis le apretó la mano y la consoló con tono suave, tratando de calmarla.
—No te preocupes, no voy a dejar que se salga con la suya. Te juro que me las va a pagar.
El doctor terminó de curarle la herida poco después; luego, la enfermera le puso una bata limpia y ambos salieron de la habitación.
—Qué bueno que estás aquí —dijo Natalia con la cara pálida y sus ojos claros hinchados de tanto llorar, lo que la hacía lucir aún más frágil y vulnerable.
—No te preocupes, Nati. Vanessa ha hecho demasiadas cosas malas y te aseguro que haré que se haga justicia —prometió él.
—Gracias por apoyarme siempre —respondió ella con los ojos llenos de lágrimas.
Tras una breve pausa, añadió con preocupación:
—Ahora que Rafael la protege tanto, me temo que no será fácil hacer nada contra ella.
Alexis se quedó pensando; algo no cuadraba.
Desde que su hermano había regresado al país, su actitud hacia Vanessa parecía haber cambiado drásticamente.
Eso le hizo recordar la llamada de hacía unos días; el hombre que hablaba al lado de Vanessa tenía una voz muy parecida a la de su hermano.
"No, es imposible", Alexis descartó la idea; era impensable que Rafael tuviera algo que ver con Vanessa.
Él siempre la había detestado.
Si la estaba protegiendo, seguramente era solo para mantener la buena relación comercial entre ambas familias.
***
Después de haberse librado de ese par de fastidiosos, Vanessa se sentía de maravilla.
Mientras iban en el auto de regreso a la mansión de la Sierra, por fin encontró el momento para hablar con Rafael.
—Gracias por ayudarme otra vez.
Sus ojos brillaban con claridad y se entrecerraban ligeramente al sonreír, lo que delataba su excelente estado de ánimo.
Rafael no pudo evitar alargar la mano para acariciarle la cabeza.
—Te lo dije: yo me encargo de todo.
El resplandor del atardecer iluminó su cara por un instante, dándole un toque de ternura a su mirada profunda.
En ese momento, Vanessa se quedó paralizada.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Arquitecto De Mi Refugio