Capítulo 24 La cara de Vanessa se puso roja como un tomate y, de un movimiento rápido, le arrebató la caja.
Mantenía la cabeza agachada, sin atreverse siquiera a mirarlo a los ojos.
—No la compré yo —se apresuró a explicar mientras intentaba pasar por un lado.
De pronto, él la sujetó de la muñeca. Con un ligero jalón, la atrajo hacia su pecho y su mano se acomodó con naturalidad en la cintura de ella. Era tan delgada que casi podía rodearla. El aroma del jabón se mezclaba con el perfume natural de ella, envolviéndolo en una fragancia que resultaba muy tentadora.
Rafael clavó su mirada intensa en las mejillas encendidas de su esposa.
—No tiene nada de malo comprar cosas para animar la noche, ¿o te da pena admitirlo? ¿O será que te da miedo que no cumpla con tus expectativas?
A ella se le subió todavía más el color. Trató de soltarse.
—¡Qué cosas dices! Es un regalo de bodas de Bianca.
Se alejó un par de pasos para poner distancia; el corazón le latía a mil por hora, como si tuviera frente a ella a una fiera peligrosa. Él sabía que eran mejores amigas, pero no esperaba que Vanessa fuera tan fácil de apenar, lo que solo le dio más ganas de seguir bromeando.
—Si es un regalo de bodas, con mayor razón no deberíamos desperdiciar el detalle, ¿no crees?
Ella se dio cuenta de que él no pensaba dejar el tema.
—Solo está bromeando —balbuceó con las orejas ardiendo. Sin decir más, salió disparada de ahí.
Rafael no pudo evitar reírse. Seguía siendo igual que siempre.
Después de bañarse, fue al estudio para adelantar unos pendientes de la oficina y le pidió que aprovechara para descansar un rato. Vanessa se quedó sola en la recámara principal, todavía un poco aturdida. Sin más remedio, le marcó a su amiga.
—¿Por qué no me dijiste que habías comprado eso? Por poco haces que Rafael malinterprete todo.
Bianca soltó una carcajada maliciosa al otro lado de la línea.


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