Capítulo 232 Rafael arrugó ligeramente la frente.
—No del todo.
No dijo nada más, lo que desesperó a Leonardo, que chasqueó la lengua varias veces.
—No me dejes en suspenso, ¿qué pasó exactamente?
Rafael lo miró de reojo.
—No te incumbe.
—Tú sí que eres...
Leonardo sintió que le habían arruinado el momento. Antes de que terminara de hablar, se escuchó un revuelo proveniente de la sala de juntas.
—Salgan todos, tengo algo que hablar con ella.
Yolanda entró a la sala de juntas vestida como toda una dama de sociedad, con la cara seria, dando órdenes.
En cuestión de segundos, todos abandonaron la sala.
Como esposa de un Cisneros, nadie se atrevía a desairarla.
—Tu mamá.
Leonardo exclamó sorprendido y volteó a ver a Rafael.
Rafael endureció la mirada.
—Cuida tus palabras. Ya sé que está aquí.
Leonardo se corrigió.
—No, no estaba insultando a nadie.
Dentro de la sala dejuntas, Vanessa vio a Yolanda aparecer de repente, se puso de pie y la miró con indiferencia.
—¿Vino a buscarme, señora?
A los ojos de Yolanda, esa actitud era pura provocación. Se acercó en dos rápidos pasos hasta quedar frente a ella y la fulminó con la mirada.
—¿Fuiste tú la que dejó a Natalia en ese estado?
¿Acaso no tienes límites? Una chica, y tú la golpeaste y la dejaste casi desfigurada. Vanessa, ¿cómo puedes ser tan despiadada?
Los insultos y acusaciones incesantes casi hicieron que Vanessa envidiara a Natalia.
Vanessa dio un paso al frente y sonrió con burla.
—Antes de venir a reclamarme, ¿no debería preguntarle a Natalia qué fue lo que hizo?
—No importa lo que haya hecho, eso no te da derecho a actuar así. Y no olvides que fue por tu culpa que la expulsaron de la familia Cisneros.
Haces daño a una persona tras otra. Vanessa, eres una auténtica ave de mal agüero.
Yolanda se volvía más cruel con cada palabra; su cara destilaba rencor.
Antes, por consideración a que era la madre de Rafael, Vanessa le mostraba respeto.
Pero a estas alturas, ya no tenía caso.
—Siendo estrictos, Natalia ni siquiera es miembro de la familia Cisneros, así que aunque yo fuera un ave de mal agüero, no podría afectarla.

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