Capítulo 209 Él asumió que le encantaba. Alexis arrugó la frente.
—¿Ahora te caigo tan mal que niegas incluso lo que te gusta tomar, para no admitirlo frente a mí?
Vanessa apenas levantó los ojos para mirarlo. Ni siquiera le daban ganas de discutir.
—No importa. Dime, ¿para qué me llamaste?
Alexis sintió su frialdad. Era el polo opuesto de lo que había sido antes. Eso, más que nada, le hacía sentir que ella ya no tenía sentimientos por él.
Pero Vanessa lo había amado cinco años. Era imposible que, solo por negarse a ir al registro civil, hubiera decidido terminar. Alexis no lo creía.
—El café negro está muy amargo. Échale azúcar, o un poco de leche —le dijo a Vanessa.
Ella lo miró sin interés y, por dentro, le resultó ridículo.
Vaya.
Estaba sentado ahí mismo, en la cafetería. Podría haberle dicho al mesero que le pusiera azúcar y leche, y listo. Pero él solo sabía decírselo a ella, como si fuera un gran gesto de su parte.
Y sin embargo, era puro cuento. Como cuando ella le decía que estaba resfriada, y él respondía:
"Tómate algo, toma mucha agua caliente".
O cuando le decía que se había lastimado, y él preguntaba cómo podía ser tan descuidada y le decía que se curara. Su preocupación era solo de boca. Sin corazón. Sin acción.
Más superficial todavía que el "¿cómo estás?" Y con todo, Vanessa antes pensaba que eso era amor.
Guardó esos recuerdos ridículos y preguntó:
—¿Me llamaste con el cuento de haberme salvado para que te lo devuelva? ¿Como tu mamá, cobrarme el favor para que le ruegue a Rafael por ti y te devuelvan el puesto en la filial?
Alexis arrugó más la frente.
—¿Mi mamá te buscó? Lo siento, le había pedido que no te molestara.
Puso cara de culpa. Vanessa no tenía expresión.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Arquitecto De Mi Refugio