Capítulo 203 Pero ya no tenía ganas de saberlo.
—Es tu asunto —dijo—. No tengo intención de meterme. Si no quieres contármelo, no tienes que hacerlo.
Había dos razones.
La primera: su matrimonio no tenía nada que ver con los sentimientos; había sido por puro impulso.
La segunda: lo ocurrido había quedado en el pasado, y ella, que llegó después, no tenía por qué preguntar.
Si preguntaba demasiado y escuchaba algo que no le gustaba, terminaría sintiéndose mal. Era mejor no saber nada que meterse en problemas.
—¿Tan generosa, Vanessa? —Rafael se rio bajo; algo oscuro cruzó sus ojos—. ¿O es que no te importo lo suficiente?
Ella no respondió. Él le estaba dando vuelta al asunto, aunque solo era para provocarla. Rafael continuó:
—El hijo no es mío.
Una frase corta que parecía resumirlo todo. Ella levantó la mirada, sorprendida; no esperaba que él lo explicara por su cuenta. La parte de su corazón que ya había encontrado paz se alivió aún más, y un brillo alegre asomó en sus ojos.
—Si todavía tienes curiosidad, puedo darte más detalles. —Rafael curvó los labios en una sonrisa ambigua.
Vanessa no era de las que pedían más de lo necesario, ni tenía el hábito de meterse en la vida privada de nadie. Con esa respuesta tenía de sobra, así que sonrió.
—No hace falta. Con que no tengas hijos ilegítimos por ahí, me basta.
Se dio la vuelta para irse, se detuvo y lo miró de nuevo.
—Y tampoco puedes serme infiel estando casados —añadió.
Los labios de Rafael se curvaron más; se rio bajo.
—Bueno. Lo que tú digas.
Esas palabras eran muy complacientes. Tan complacientes que invitaban a dejar volar la imaginación. Vanessa frenó el impulso de pensar de más y se tiró a la cama.
A la mañana siguiente, desayunaron frente a frente. De pronto, Rafael dijo:
—Lo de anoche estuvo bien.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Arquitecto De Mi Refugio