Capítulo 188 Ese dinero era una compensación por la inquietud que cargaba por dentro.
—Para nada. Aunque seas de una familia con dinero, el dinero no cae del cielo. Si me lo prestaste, te lo devuelvo. Además, por más apuros que tenga, no voy a perder mi dignidad.
No importaba lo que dijera Vanessa, Itzel le estaba agradecida, y la invitó a comer y salir de compras al día siguiente. Como de todas formas Vanessa tenía que ir a la empresa, aceptó.
A la mañana siguiente, Vanessa se alistó para salir.
Vestía como siempre, con esa elegancia clásica que la caracterizaba: un vestido floral de tirantes en blanco rosado, entallado, que resaltaba su figura esbelta.
Su piel era clara y sus facciones delicadas, luminosas en esa cara pequeña. Bonita y llamativa.
Rafael estaba sentado en el comedor. La miró con el ceño fruncido.
—¿Tan temprano a la empresa?
Vanessa se detuvo en la escalera y volteó a verlo.
—Sí, tengo una junta. En la tarde voy a comer con Itzel y salimos de compras.
—Ven.
Rafael golpeó la mesa con los nudillos.
—Desayuna primero. Yo te llevo.
Por más amable que fuera, nunca dejaba mucho espacio para el no. Y siempre era por el bien de ella, lo que hacía casi imposible negarse.
Vanessa fue y se sentó.
Juana salió sonriendo con un tazón del suplemento premium de colágeno.
—El señor se preocupa mucho por la señora —dijo —. No quiere que deje de tomarlo ni un día. Todo para que esté bien.
—De tanto tomarlo, una se cansa.
Vanessa no rechazó el gesto. Levantó los ojos hacia Rafael, al otro lado de la mesa.
—¿Me estás cuidando como a una niña?
Últimamente, la convivencia entre ellos se sentía cada vez más natural. A veces Vanessa se distraía y sentía que llevaban años de casados.
—Sí, para que te cuides. —La mirada de Rafael recorrió su cuello y se posó un instante en su pecho —. No el cuerpo de niña. Eso ya lo vi.
Juana todavía estaba ahí.
Vanessa se puso roja. Con ese comentario, cualquiera podía pensar que ya habían...
Pero no.
Era solo que últimamente, al dormir, su postura se había vuelto cada vez más atrevida. Cada mañana que se despertaba, o estaba abrazándolo o estaba encima de él. O tenía la mano de él sobre su pecho.

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