Capítulo 171 De cualquier manera, las voces se colaron hasta el privado contiguo.
Sentado en el lugar de honor de aquel grupo exclusivo había un hombre que llevaba un impecable traje hecho a la medida. De facciones muy atractivas y expresión indiferente, emanaba un aura de elegancia y distinción.
Al distinguir vagamente el nombre de Vanessa entre el ruido, arrugó un poco la frente.
¿Ella estaba en la sección de al lado?
Rafael sacó su celular para revisar sus mensajes; no había ninguno de Vanessa.
Desde que pasó aquel incidente, ella siempre le avisaba cada vez que salía a algún lado.
Era una chica muy bien portada.
—Rafael, ¿en qué piensas? Si no inviertes en este proyecto, lo haré yo —bromeó Leonardo.
Rafael le dirigió una mirada indiferente, listo para dar en el blanco.
—¿Quién sería tan ingenuo como para no temerle a la bancarrota y dejar que tú inviertas?
Los demás presentes se rieron de buena gana.
—Mejor dicho, imposible —comentó uno de ellos.
—Con tanta gente a la que podías molestar, tuviste que ir a provocarlo a él —se burló Sergio.
Ese último comentario iba dirigido a Leonardo.
Leonardo fingió indignación.
—¿Y qué culpa tengo yo de tener tan mala suerte y perder dinero en todo lo que toco? —Se llevó una mano al pecho con dramatismo——. Por suerte, el patrimonio de mi familia es lo bastante grande como para que mis fracasos no nos hayan dejado en la calle.
La familia Soto manejaba la productora audiovisual más grande de Cartaluz, abarcando el ochenta por ciento del mercado.
—El joven Soto debe estar bromeando —intervino el señor Galván, riendo abiertamente—. Es un honor para nosotros que ustedes tengan a nuestra empresa en tan alta estima.
El grupo continuó conversando en un ambiente muy ameno.
De pronto, la voz de Bianca resonó desde el privado contiguo una vez más:
—Mira, a los hombres hay que darles uso mientras se pueda. Si no lo aprovechas ahora, cuando envejezca ya no va a servir para nada. Así que hazme caso. Llega a tu casa y acuéstate con tu esposo. ¡Y si no da el ancho en la cama, lo mandas a volar! Ya nos conseguiremos a otro mejor.
A Leonardo le dio gracia y volteó hacia su amigo.
—Miren nada más la mentalidad tan moderna de las mujeres de hoy en día. ¿Escuchaste, Rafael? Si no te aprovechan ahora, de viejo ya no vas a servir.
Al decir esto, le echó una mirada descarada a la entrepierna de su compañero.
—Vete al diablo —le dijo Rafael.
Mantuvo una actitud imperturbable, aunque, en el fondo, esa voz le resultaba extrañamente familiar.


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