Capítulo 166 En el momento en que esos labios suaves lo besaron, los ojos de Rafael se abrieron de par en par, desbordando una inmensa ternura.
—Mi pequeña Vanessa... —Rafael la miró con grata sorpresa y la sujetó por los hombros—. ¿Sabes lo que estás haciendo?
Vanessa no se atrevió a sostenerle esa intensa mirada y agachó la cabeza, avergonzada.
—Solo es un besito.
Al terminar de decirlo, se sintió aún más tímida.
Sus mejillas se tiñeron de rojo; un mechón de cabello caía sobre su cara inclinada y sus pestañas largas y rizadas temblaban. Verla ahí, tan callada, la hacía lucir dócil.
Su audacia la hacía brillar como una rosa; en cambio, en esos momentos de dulzura, parecía tan pura como un lirio.
Al notar cómo le apretaba la mano por los nervios, Rafael la miró con una sonrisa llena de adoración.
—¿Estás tan asustada y aun así intentas darme el gusto?
Vanessa no entendió a qué se refería y levantó la cara para mirarlo.
—¿Darte el gusto?
—¿No tomaste la iniciativa hoy solo porque alguna vez mencioné que, al estar casados, debíamos hacer cosas de marido y mujer? —preguntó Rafael, adivinando exactamente lo que ella estaba pensando.
Se quedó pasmada por unos segundos.
—Un cincuenta y cincuenta —murmuró.
—¿Ah, sí? —Los oscuros ojos de Rafael reflejaron confusión—. ¿Un cincuenta y cincuenta?
No quiso aprovecharse de la situación, así que detuvo cualquier otro acercamiento íntimo de Vanessa y, con paciencia, esperó a que se explicara.
Vanessa arrugó un poco la frente y lo miró con esos ojos limpios y brillantes.
—Estamos casados. Que te bese y te abrace es lo más normal del mundo.
A fin de cuentas, eso era lo que le había dicho Bianca.
En el pasado, le había creído a Alexis y pensaba que ciertas cosas solo debían hacerse después del matrimonio.
Como besarse o ir a la cama.
A Rafael le sorprendió mucho escucharla hablar con tanta audacia.
—¿En serio piensas eso?
Mientras hablaba, le clavó una mirada tan intensa y apasionada que parecía capaz de consumirla.
Su atención pasó de los ojos de la chica hacia sus labios rojos. La observaba con la misma fijeza de un depredador al acecho de su presa, como si estuviera a punto de abalanzarse sobre ella en cualquier segundo.
Vanessa tensó la espalda, perdiendo la valentía.
—Me refería a la teoría... —murmuró ella.
Rafael tragó saliva con pesadez y se inclinó para apoderarse de sus labios.
—Mi pequeña Vanessa... la verdadera respuesta está en la práctica.

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