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El Arquitecto De Mi Refugio romance Capítulo 156

Capítulo 156 Las lágrimas brotaron de sus ojos en un llanto desconsolado y lastimoso.

Alexis arrugó la frente con pesadez. Con frustración, dio un puñetazo contra el respaldo del sofá de madera fina que tenía detrás.

¡Pum!

Casi se escuchó el crujido de los huesos al romperse.

El impacto asustó tanto a Natalia que dejó escapar un grito agudo; le tomó la mano para revisarle la herida, muerta de angustia.

—Alexis, ¿por qué te lastimas de esta manera? ¿En serio vale la pena por una mujer así? —preguntó Natalia.

Todos los presentes se llevaron un buen susto.

Excepto Rafael y Vanessa.

Ambos mantenían una actitud imperturbable, observando la escena con la misma mirada indiferente y calculadora.

Vanessa sabía muy bien en el fondo que todo aquel drama estaba dirigido en su contra.

El escándalo tan sonado que había ocurrido la noche anterior, durante el banquete de cumpleaños de Magdalena, no solo había manchado la reputación de la familia Cisneros.

Sino que también había puesto a los protagonistas, Natalia y Alexis, en el ojo del huracán.

Ahora buscaban desesperadamente a un culpable para desviar la atención, y ella se había convertido en el blanco perfecto.

—¡Vanessa, eres una desgracia! ¡Mira nada más lo que provocaste!

Después de revisar la herida de Alexis y notar que el dorso de la mano le sangraba, Yolanda miró a Vanessa con odio. Se volteó hacia ella, señalándola con el dedo para reprenderla.

—Con razón tus padres murieron tan jóvenes. Una persona tan tóxica como tú solo atrae la tragedia y arruina a todo el que se le acerca...

—¡Yolanda! —gritó Rafael, arrugando la frente, envuelto en una furia que parecía a punto de estallar.

Édgar intentó jalar del brazo a Yolanda para detenerla, pero llegó un segundo tarde.

La cara de Antonio mostraba una ira incontrolable, pero ni siquiera se detuvo a reprenderla, ya que dirigió una mirada de preocupación hacia Vanessa.

Ella escuchó cada una de esas palabras con claridad.

Sintió un zumbido ensordecedor en la cabeza y el cuerpo entero se le entumeció.

Aquellas frases fueron como puñales clavándose en sus entrañas, provocándole un dolor tan insoportable que le cortó la respiración.

Cuando las lágrimas estaban por traicionarla, sintió que un par de manos le cubrían los oídos.

Enseguida, la envolvieron en un abrazo amplio y cálido, y una voz reconfortante resonó por encima de su cabeza:

—No la escuches, nada de eso es verdad.

Vanessa tembló. Al levantar la cabeza y darse cuenta de que él la sostenía con tanta firmeza, reaccionó empujándolo un par de veces.

—Ya estoy bien. Suéltame —murmuró ella.

De lo contrario, temía que la situación se malinterpretara aún más.

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