Capítulo 125 Levantó la vista por instinto y su mirada se encontró con los ojos oscuros y profundos de él, llenos de ternura.
Sintió un calor reconfortante y, para su sorpresa, se tranquilizó.
Durante la cena, los demás invitados empezaron a hablar del proyecto.
El tema principal eran los autos eléctricos, y en la plática surgieron cuestiones sobre las baterías y los sistemas inteligentes.
Vanessa se mantuvo en silencio, concentrada en su comida.
En realidad, solo porque tenía mucha hambre.
Aunque la plática estaba muy animada, Rafael habló poco en toda la noche; solo asentía de vez en cuando.
Aun así, eso no le impidió servirle comida a Vanessa él mismo.
El platillo que más le gustó a Vanessa fue una ensalada fresca con nuez y manzana, que tenía un sabor dulce y ligero.
No pudo evitar servirse un poco más.
—Ahora los autos eléctricos tienen el setenta por ciento del mercado. Si logramos resolver lo de los sistemas inteligentes y la duración de las baterías, podríamos subir otro veinte por ciento —comentó un individuo de mediana edad, muy seguro de sí mismo.
—Está muy difícil encontrar buenos ingenieros.
Llevamos un par de años con estos temas, pero no avanzamos nada.
—No sé si usted, señor Cisneros, nos pueda ayudar a resolver este problema —dijo Víctor Galván, quien lideraba el grupo. Aunque era delgado, tenía una mirada penetrante y una presencia imponente.
Sin embargo, al lado de Rafael, se quedaba un poco corto.
En el mundo de los negocios, todos le tenían respeto a Rafael. Sabían que era muy directo para tomar decisiones y que, cuando se proponía algo, siempre lo conseguía.
Se decía por ahí que Rafael era un tipo indiferente, implacable, y muy duro para los negocios.
Antes, Vanessa pensaba exactamente lo mismo.
Pero después de dejarse llevar por esos dos meses de matrimonio, se dio cuenta de que de hecho era alguien tierno, detallista y responsable.
—Me enteré de que Rodrigo Zárate, del Corporativo Zarza, ya se puso en contacto con ese ingeniero internacional tan famoso. ¿Cómo se llamaba? Ah, sí... Leandro Palma.
Al escuchar eso, Vanessa, que estaba muy concentrada en su plato, se quedó inmóvil por un segundo.
En ese preciso momento, Rafael volteó a verla.
Notó el ligero cambio en su expresión y arrugó la frente de manera casi imperceptible.

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