Capítulo 124 Vanessa notó que alguien la observaba y giró para ver de quién se trataba.
Sus miradas se cruzaron.
Al ver que era Rafael, le dedicó una sonrisa.
En un momento, Rafael ya estaba frente a ella.
—¿Ya nos podemos ir?
Vanessa asintió sin dejar de sonreír.
—Espérame un poquito, ya casi acabo. — Recordando lo que acababa de hacer, preguntó mientras guardaba sus cosas—: ¿Llevas mucho tiempo aquí?
Rafael mantuvo una actitud indescifrable y respondió con tranquilidad:
—Acabo de llegar.
"Si acaba de llegar, significa que no vio nada", pensó Vanessa, sintiéndose aliviada. No quería que él se enterara de la maniobra que había realizado en la computadora.
El asistente de edición notó la presencia de Rafael y corrió a avisarle al director, que seguía grabando. El director Quiroz se acercó para saludarlo, mostrándose muy respetuoso y un tanto servil.
Rafael asintió apenas y soltó un comentario con doble sentido:
—Hay gente que solo viene a estorbar en la producción, director. Debería aprovechar su tiempo libre para hacer una limpieza.
Al notar la cercanía entre él y Vanessa, el director Quiroz captó la indirecta. Relacionó sus palabras con el incidente de hace un momento y entendió que Rafael estaba defendiéndola, así que no dejó de asentir.
Rafael no dijo nada más. Su semblante serio y esa actitud imponente que mantenía a raya a cualquiera hicieron que el director se pusiera muy nervioso, aunque no dejó de sonreír forzadamente.
Vanessa terminó de recoger sus cosas y miró a Rafael con curiosidad.
*** El interior del auto estaba algo fresco. Vanessa se frotó los brazos al sentir un escalofrío y Rafael, al darse cuenta, subió la temperatura del aire acondicionado.
—¿Todavía tienes frío?—Le tocó un brazo y se sorprendió al sentirle la piel helada.
Se quitó el saco y se lo puso sobre los hombros.
—¿Por qué no me dijiste que te estabas muriendo de frío?
Al escucharlo tan preocupado, Vanessa pensó que estaba exagerando.
—No pasa nada, estamos en pleno verano. Solo le bajaron de más al aire, pero no quería que todos se incomodaran por mi culpa.
Sobre todo porque ellos todavía llevaban puestos sus sacos y debían estar muriéndose de calor.
Rafael suspiró ligeramente.


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