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Cuando te Fuiste, me Coroné romance Capítulo 4

Florencia contempló la escena con el corazón completamente helado.

Esa tal Celeste tenía un color rosado en las mejillas y rebosaba de vitalidad. Cualquier persona con un mínimo de sentido común notaría que estaba fingiendo estar enferma.-

En cambio, ella, Florencia, estaba pálida y todavía llevaba un vendaje en la mano. Hasta la empleada notó a simple vista que no se encontraba bien, pero a ese par de padre e hija parecía no importarles en absoluto.

Miranda empezó a patalear de nuevo, gritando con lágrimas en los ojos:

—¡Mamá es mala, es una egoísta! Ya no quiero a mi mamá.

Luego se aferró a Celeste y le habló con su dulce y tierna vocecita:

—Tía Celeste, yo te llevo arriba, no le hagas caso a mamá.

El corazón de Florencia se congeló por completo.

Esa era la hija que había criado con todo su amor.

A su lado, Víctor pasó de largo sin inmutarse, caminando con paso firme y despreocupado hasta sentarse en el sofá, irradiando una total indiferencia.

Florencia observó su espalda fría y distante, y de pronto soltó una carcajada amarga.

—De acuerdo, si así lo quieren, les daré el gusto.

Víctor ni siquiera levantó la mirada. Frunció un poco el ceño y preguntó con sequedad:

—¿Qué intentas hacer ahora?

A Florencia ya ni siquiera le importaba explicarse.

Durante todos esos años lo había intentado innumerables veces, y él jamás le había creído.

Sacó un sobre de su bolso que contenía el acuerdo de divorcio y se lo tendió a Víctor.

—Firma esto, por favor.

Víctor bajó la mirada hacia el sobre, pero antes de que pudiera mover un dedo, se escuchó el grito de Miranda desde el piso de arriba.

—¡Papá! ¡Papá, ven rápido, la Tía Celeste se puso mal!

Víctor se levantó de inmediato y corrió escaleras arriba, sin volver a mirar el documento.

A día de hoy, había juntado diez millones en su cuenta.

No era una fortuna, pero era suficiente para comenzar de nuevo.

Lo irónico era que, en los últimos tiempos, el departamento de joyería de la empresa de Víctor se había salvado de la ruina gracias a las propuestas que ella le enviaba de forma anónima.

Esos bocetos, que dibujaba a escondidas durante la madrugada después de que su hija se dormía, le habían estabilizado la cadena de suministro y salvado la temporada de lanzamientos.

Él nunca lo supo.

Como tampoco le importó ella jamás.

Florencia encendió su computadora, inició sesión en su correo electrónico anónimo, ingresó la dirección de la empresa de Víctor y envió un mensaje.

Afuera ya había amanecido por completo.

Florencia cerró la computadora, se levantó, caminó hacia la ventana y observó la ciudad en la que había vivido los últimos seis años.

A partir de ahora, iba a vivir por y para ella misma.

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