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Cuando te Fuiste, me Coroné romance Capítulo 10

Y así estaba mucho mejor.

Florencia volvió a la realidad al ver un anuncio de trabajo para diseñadores de joyas en su computadora. Las condiciones eran buenas, y después del evento necesitaría un trabajo estable, así que envió su currículum.

No tenía prisa, podía seguir buscando con calma.

Tras enviar el correo, abrió el calendario en su celular. El día del concurso estaba a la vuelta de la esquina.

Decidió ir a comprar un vestido adecuado para la ocasión.

Se arregló y salió de casa hacia el centro comercial de alta costura más grande de Río Cobalto.

Justo cuando entró, se encontró frente a frente con Víctor, Celeste y su hija.

Sus miradas se cruzaron, y un brillo de sorpresa apareció en el rostro de la niña.

—¿Mamá?

Su vocecita tierna y dulce resonó. Florencia se detuvo por un segundo, su mirada cayó sobre la manita de su hija que se aferraba fuertemente a la de Celeste. Sintió un pinchazo en el corazón, pero apartó la mirada con frialdad y continuó su camino hacia el interior del centro comercial.

La carita de Miranda se frunció. No entendía por qué su mamá la ignoraba. Le parecía muy injusto.

Víctor también frunció el ceño.

En la mirada de esa mujer acababa de ver una clara expresión de asco.

Llevaban seis años casados, y cada vez que ella lo veía, siempre tenía los ojos llenos de luz y amor.

¿En qué momento había cambiado tanto?

Celeste se dio cuenta de que padre e hija no le quitaban los ojos de encima a Florencia. Un destello de malicia cruzó su mirada, pero cuando habló, su tono fue dulce y lleno de preocupación.

—No entiendo por qué Florencia actúa así, no vuelve a casa, ignora a su hija enferma y mejor se viene a pasear al centro comercial. Si yo tuviera un marido tan maravilloso y una niña tan linda, los valoraría con toda el alma. Ay, pero al final del día, Florencia siempre ha vivido entre algodones, nunca ha sufrido, por eso no sabe apreciar lo que tiene.

Miranda hizo un puchero.

—Mi mamá es insoportable. Siempre vive del dinero de mi papá, no trabaja, me ignora y solo sale a divertirse. Es muy mala. Odio a mi mamá.

Al escuchar eso, la mirada de Víctor se oscureció y volvió a fruncir el ceño.

—No permito que hables así de tu madre.

—Y además, Celeste es tu tía, no vuelvas a llamarla mamá.

Por primera vez en mucho tiempo la estaba regañando. Al ver a su papá con esa cara tan seria, Miranda respondió con desgano y no se atrevió a decir nada más.

—Florencia, este vestido no es tu estilo.

Florencia soltó una carcajada irónica.

—¿A ti qué te importa si es mi estilo o no? Yo lo vi primero, lo voy a comprar y no se lo voy a ceder a nadie.

Se dirigió de nuevo a la vendedora.

—Empáquelo. No importa cuánto cueste, le pagaré el doble. Así me evito que alguien intente robármelo.

—Enseguida, señora —dijo la empleada, acercándose temerosa para cobrar la prenda.

Celeste apretaba las manos a sus costados. Un vestido tan hermoso no merecía ser usado por Florencia; tenía que ser suyo.

Tragó saliva disimulando su furia, dio un paso adelante y habló con tono moralista.

—Florencia, no seas caprichosa. Eres solo un ama de casa sin ingresos propios, ¿de dónde vas a sacar dinero para pagar el doble por un vestido tan caro? Además, cada centavo que gastas lo ha ganado Víctor con mucho esfuerzo. ¿Cómo te atreves a tratarlo de esta manera? Estás cruzando la raya.

Florencia miró a Celeste y sonrió con desprecio.

—¿Y por qué cruzo la raya? Soy su esposa legítima, unida a él en matrimonio. Prefiero mil veces que su dinero lo gaste en mí que en una descarada amante.

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