Violeta lanzó una amenaza:
—Joana, no cantes victoria. Ya veremos, ¡a ver quién ríe al último!
—Estaré esperando.
La sonrisa burlona de Joana enfureció a Violeta con éxito.
Al ver la cara de Violeta, molesta pero impotente, Joana se sintió muy satisfecha.
Levantó la barbilla y se cruzó de brazos mirando a Violeta.
En ese momento, entendió perfectamente la intención de Sabrina.
Joana se acercó a Sabrina:
—Sabrina, la próxima vez, ¡hay que hacer esto más seguido!
Sabrina contuvo una sonrisa y miró a Joana, que se veía más viva que de costumbre:
—¿Qué pasa, ya le agarraste el gusto?
—¡Sí! —Joana se rascó la cabeza apenada—. ¡Resulta que usar esta táctica contra la gente ruin se siente muy bien!
Sabrina soltó una carcajada, pensando que Joana era más adorable que antes.
—¡Tranquila, si te juntas conmigo, no faltarán oportunidades para cerrarles la boca!
Joana se alegró:
—¡Hecho! De ahora en adelante, tú mandas.
Las dos se llevaban de maravilla.
Pero del lado de Violeta, el ambiente era completamente distinto.
Cristina estaba tensa, miraba incrédula hacia Joana; no entendía cómo en tan poco tiempo Joana se había vuelto tan poderosa.
¿Había cometido un error al irse con Violeta?
Por un momento, Cristina se arrepintió.
Pero no sabía cómo remediar la situación.
Después de todo, Joana había dejado las cosas muy claras aquel día.
Aunque Cristina tuviera la cara muy dura, no podía volver arrastrándose.
Suspiró y se resignó a quedarse del lado de Violeta.
Violeta notó la expresión de Cristina y sintió desprecio.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cuando el Anillo Cayó al Polvo