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Compláceme, Papi romance Capítulo 94

Grace

Una voz inesperada a mi espalda me sobresaltó y di un respingo. Me volví bruscamente y me quedé paralizada al ver frente a mí a un hombre bastante guapo con una sonrisa cortés.

Por un instante, se me encogió el corazón.

¿Por qué pensé enseguida en Apollo? Ni siquiera se parecían las voces. La de ese hombre era más suave y juvenil. Pero la forma en que dijo señorita Grace me recordó el modo en que Apollo siempre pronunciaba esas palabras.

—¿Señorita Grace? —repitió el desconocido y me sacó de mis pensamientos.

Parpadeé y lo miré como una tonta. Era joven y atractivo. La luz del farol bañaba sus rizos y... ¿era cosa mía o se parecía a Charles? Se me secó la garganta.

—Ah, hola... —logré decir con una sonrisa forzada.

Me devolvió la sonrisa.

—Me llamo Jackson. Trabajo en el departamento de ventas.

—Grace —dije, todavía algo confundida—. Trabajo en el departamento de relaciones públicas.

—Lo sé. —Se rio—. Bueno, al menos me enteré esta noche. También soy novato, como tú. ¿Qué te parece si intercambiamos números?

Lo miré confundida. ¿Intercambiar números? ¿Conmigo? Nadie en el trabajo quería acercarse a mí aparte de River, e incluso con él las cosas parecían complicadas. ¿Pero aquel desconocido tan atractivo quería intercambiar números conmigo?

—No te sorprendas tanto —dijo Jackson entre risas al ver mi reacción; luego levantó el celular—. Solo pensé que sería bueno conocernos mejor. Después de todo, somos compañeros de trabajo. Podríamos ser amigos.

Amigos. La palabra resonó en mi cabeza. No pedía nada más. Solo quería ser mi amigo. No estaba tan mal, ¿verdad?

Vacilé mientras miraba el celular que me ofrecía. Los dedos se me agarrotaron. Tal vez debía aceptar. Estaba por tomarlo, pero antes de que pudiera moverme, un brazo rodeó el cuello de Jackson. Los dos nos quedamos inmóviles. Alcé la mirada y me encontré con aquellos conocidos ojos color avellana.

River me sonreía desde arriba, pero su expresión era indescifrable.

—River —dije mientras arqueaba una ceja—. ¿Todavía estás aquí?

Asintió. Aún rodeaba a Jackson con el brazo, tan relajado como si fueran viejos amigos.

—Sí. Tenía algo que resolver. ¿Ya te vas a casa?

Señalé el celular de Jackson.

—Ah, estaba a punto de darle mi número. Me lo pidió.

—Ah, ¿sí? —preguntó River con voz más fría y ladeó la cabeza.

Asentí despacio. Su forma de decirlo me revolvió el estómago.

Cuando volví a mirar a Jackson, su expresión era otra. Ya no quedaba rastro de la sonrisa cortés; había palidecido y mantenía el cuerpo tenso bajo el brazo de River. Parecía aterrorizado.

—¿Estás bien? —pregunté mientras fruncía el ceño, inquieta.

Jackson entreabrió los labios como si quisiera decir algo, pero River se inclinó aún más hacia él, con un brillo en los ojos.

—Sí, Jackson. ¿Estás bien? Pareces asustado.

Jackson movió la cabeza de un lado a otro tan rápido que pensé que se le caería.

—C-claro que no. Estoy bien. L-lo que pasa es que... acabo de recordar que tengo algo que hacer, así que, eh... nos vemos luego.

Antes de que pudiera reaccionar, se zafó del brazo de River. River lo dejó ir y observó cómo se alejaba.

Me quedé allí. Un minuto antes, Jackson se mostraba seguro de sí mismo al pedirme mi número. Ahora parecía haber visto al mismísimo diablo.

Abrí la boca para preguntarle si aún quería mi número, pero ya se alejaba a la carrera y murmuraba entre dientes:

—Mierda, no puedo hacer eso. Quiero seguir vivo.

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