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Compláceme, Papi romance Capítulo 95

Grace

Pasé la mitad del trayecto casi sin respirar.

Si dejaba que los nervios se notaran siquiera un segundo, estaba segura de que me caería de la motocicleta o, de algún modo, provocaría un accidente. Rodeé con fuerza la cintura de River y pegué el pecho a su espalda; de tanto aferrarme a él, tenía los nudillos blancos. Debía verme ridícula, agarrada a él como si me fuera la vida en ello, pero lo importante era sobrevivir.

Una parte retorcida de mí pensó que, si me resbalaba, quizá él caería conmigo y así al menos no me presentaría sola ante Dios. Pero la idea desapareció tan rápido como llegó. No quería que le pasara nada a River. Era una buena persona. Molesto, sí, sobre todo porque se reía cada vez que la motocicleta se inclinaba y yo me estremecía.

Cuando el motor por fin se apagó, abrí los ojos. Ya estábamos estacionados frente a mi casa. Suspiré aliviada. Jadeaba, desesperada por recuperar el aliento.

Ni siquiera me di cuenta de que aún lo abrazaba.

—¿Tan cómoda es mi espalda que ya no quieres soltarme? —preguntó River, divertido; bajo mi mejilla, sentí la vibración de su voz.

El calor me subió hasta el cuello.

—Oh, perdón...

Aparté las manos y me eché hacia atrás demasiado rápido. Todo se inclinó y, antes de que pudiera caerme de la motocicleta, River extendió el brazo hacia atrás y me sujetó por la cintura.

Me aferré a su antebrazo; tenía los ojos muy abiertos y respiraba deprisa. Se inclinó hacia delante para estabilizarme y, por primera vez, levanté la mirada hacia él.

Nuestras miradas se encontraron y, por más que intenté no fijarme, fue imposible ignorarlo. Sus ojos color avellana se parecían demasiado a los de Apollo.

Y... ¿por qué me miraba así?

Nos quedamos inmóviles, mirándonos, hasta que no pude soportarlo más. Su cercanía no me incomodaba; era otra cosa. Algo me decía que, aunque lo que tenía con Apollo fuera solo sexo, no debía acercarme tanto a otro hombre. Tal vez a Apollo no le importara, pero a mí no me parecía bien.

Entreabrí los labios y susurré antes de poder contenerme:

—Mmm, River...

Parpadeó, volvió en sí y se apartó. Después tiró de mí con cuidado para enderezarme hasta dejarme bien sentada en la motocicleta. Entonces sonrió con desenfado y ocultó lo que había asomado un instante antes.

—Ten cuidado —dijo—. Te habrías roto algo si te hubieras caído.

—S-sí, lo siento. Fue un accidente.

Me bajé de la motocicleta y tiré del casco para quitármelo mientras rogaba que la peluca no se moviera. Cuando por fin lo conseguí, se lo devolví con ambas manos.

—Gracias por traerme.

River tomó el casco.

—De nada. No fue nada.

Sonreí y apreté el bolso con más fuerza.

—Entonces, nos vemos mañana. —Me di vuelta para irme, pero su voz me detuvo.

—Grace...

Me quedé inmóvil antes de volverme hacia él. River ya no parecía juguetón ni divertido. Se había puesto más serio y hasta parecía extrañamente protector.

—Sobre ese tipo... —dijo.

Arqueé una ceja.

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