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Compláceme, Papi romance Capítulo 91

Grace

A veces, la mejor manera de hacer callar a alguien era ponerlo en su lugar.

Cuando era más joven, mi madre siempre insistía en la importancia de la belleza. Para ella, una mujer hermosa siempre conseguía lo que quería en la vida. Esa era la única razón por la que me toleraba, porque yo era bonita. Nunca entendí su obsesión. La gente me decía que era linda, los hombres coqueteaban conmigo y otras mujeres se comparaban conmigo, pero nunca creí que mi belleza determinara cuánto valía.

Por eso nunca dudé en vestirme así. De hecho, me sentía mucho más cómoda de esa forma que con la ropa que mi madre quería que usara. No tenía que llenarme de maquillaje, usar tacones que se me clavaran en los pies ni sostenes que realzaran el busto.

Pero desde que entré a esta empresa, no dejaban de menospreciar mi apariencia, burlarse de ella y humillarme por mi aspecto. La mujer que tenía enfrente era quien más lo hacía.

Piper.

Yo era de las que creían que todas las mujeres debían apoyarse entre sí, sin importar su apariencia, pero aquello fue la gota que colmó el vaso. Ya no iba a permitir que me usaran de blanco fácil. Si Piper y su grupito estaban tan obsesionados con las apariencias, quizá era hora de recordarle cómo se sentía estar del otro lado.

Piper se puso roja. Le temblaron los labios al espetar:

—Tú...

—Ah, ¿me equivoco? —la interrumpí con una sonrisa—. Creí que hoy estábamos hablando de apariencias, así que déjame darte un consejo.

Me fulminó con la mirada, pero no me detuve.

—Dedica menos tiempo a preocuparte por tu apariencia y más a mejorar tu forma de ser y el trato que das a los demás. Por impecable que creas que es tu cara, no puede ocultar lo podrida que eres. Ni todo el maquillaje del mundo puede esconder eso. Pero ¿qué voy a saber yo? Solo soy una bibliotecaria mal vestida.

Todo el salón quedó en silencio. Hasta River, sentado a mi lado, se movió un poco; parecía divertido, aunque también sorprendido.

Al carajo. No iba a sobrevivir en esta empresa si seguía tragándome todo lo que decían a diario.

Piper tenía ya la cara y el cuello de un rojo intenso y apretaba los puños sobre la mesa. Golpeó la mesa con la palma y las copas temblaron.

—¿¡Cómo te atreves a hablarme así!? ¿¡Sabes quién soy!?

—Ya basta. —Las palabras resonaron tajantes.

Me volví y vi al señor Aiden. Dejó su bebida; ya no sonreía y miraba a Piper con severidad.

—Ya basta, Piper —ordenó—. Ya hiciste bastante escándalo. Grace es tu compañera de trabajo. Está mal que le hables de esa manera.

—Ella... —empezó Piper con voz temblorosa.

Aiden la miró con tal dureza que la hizo callar. Piper cerró la boca, aunque hervía de furia.

—Discúlpate con Grace. Tú empezaste todo esto.

Piper apretó la mandíbula. Estuve a punto de poner los ojos en blanco. Me daba igual si se disculpaba o no. Además, Piper era demasiado orgullosa para hacerlo.

Pero, para mi sorpresa, Piper levantó la cabeza con una sonrisa falsa y me miró de frente.

—Me disculpo. Estuvo mal hablar de tu apariencia.

Parpadeé y alcé una ceja. Vaya, eso fue rápido. No lo pensé demasiado; Piper era una falsa de pies a cabeza.

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