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Compláceme, Papi romance Capítulo 74

Grace

Chase se detuvo frente a mí con una carpeta grande en las manos y una sonrisota.

—Este es el informe de evaluación del producto, señorita Grace. La mayoría de las opiniones son favorables. Aquí está todo lo que necesita saber.

Miré la carpeta como si fuera un monstruo a punto de devorarme. Me quedé boquiabierta. Era gruesísima, atiborrada de páginas y páginas. Cuando me la entregó, abrí los ojos al sentir cuánto pesaba.

—No puede ser —murmuré.

Chase debió notar mi cara, porque se rascó la nuca, incómodo.

—La verdad... quería darle el resumen que preparé. Habría sido más rápido y fácil de asimilar, pero... —Se inclinó un poco hacia mí y bajó la voz—. Me dijeron que le diera este.

Parpadeé y apreté la pesada carpeta contra el pecho. Lo primero que pensé fue en Apollo.

¿Era idea mía o intentaba cargarme de trabajo? ¿Pero por qué? Ayer creí que estábamos bien. Incluso me llevó a casa. Por un momento me permití pensar que las cosas podrían ser menos incómodas entre nosotros. Me equivoqué.

Suspiré y sacudí la cabeza antes de enredarme en especulaciones innecesarias. No importaba. Vine a trabajar, no a descifrar los cambios de humor de mi jefe. Fingí una sonrisa y asentí.

—Gracias. Trabajaré en eso.

—Bien. —Chase recuperó la sonrisa y señaló hacia un costado de la oficina—. Y ese será su lugar.

Seguí con la mirada la dirección que indicaba y, al ver el escritorio, se me revolvió el estómago. El lugar estaba impecable, equipado con material de oficina nuevo y un monitor recién instalado. Parecía inofensivo hasta que reparé en la pared de cristal que tenía detrás.

La oficina de Apollo. Entreabrí los labios y tragué con dificultad por el nudo que se me formó en la garganta. Karma.

Debí de haber hecho algo horrible en una vida pasada. ¿Por qué demonios, si no, me habían asignado un lugar frente a la oficina del jefe? Cada vez que levantara la mirada, me vería. Notaría cada movimiento de mi mano, cada suspiro y cada segundo que pasara mirando la pantalla con la mente en blanco.

Volví a mirar a Chase con los ojos muy abiertos. Me observó con lástima, como si dijera en silencio que, en mi lugar, preferiría morir antes que pasar todo el día bajo la mirada del jefe.

Me encorvé.

—Entiendo... —murmuré, procurando ocultar el temor en mi voz—. Empezaré ahora.

Chase me dedicó una sonrisa compasiva, siguió su camino y me dejó a mi suerte.

Me arrastré hasta el escritorio, dejé encima la pesada carpeta y me senté despacio. Durante un momento, me limité a contemplar la montaña de trabajo e intenté ignorar el escalofrío que me recorría la espalda.

La curiosidad pudo más. Giré un poco la cabeza y miré de reojo.

A través de la pared de cristal, vi a Apollo sentado en el borde de su escritorio, con unos papeles en la mano. Austin estaba de pie a su lado y le informaba de algo. Normalmente, cuando Chase ocupaba ese lugar, Apollo mantenía el ceño fruncido, la mirada penetrante y los labios tensos, como si desaprobara cada palabra que oía. Con Austin, en cambio, estaba indiferente.

Así que Austin de verdad era su mano derecha.

Me quedé mirando a Apollo más de la cuenta. Observé su postura, las venas marcadas en sus manos, las mangas arremangadas y la inclinación de la cabeza al escuchar. Su mirada concentrada, la precisión con que sostenía la pluma, esos dedos.

Dios, esos dedos eran largos y hábiles. Con razón siempre sabía dónde tocarme...

Sentí cómo el calor se concentraba en mi vientre. Mis pensamientos se desviaron sin control hasta que Apollo levantó la mirada y la clavó en mí.

Se me cortó la respiración. Austin seguía hablando sin darse cuenta de nada, pero Apollo ya no lo miraba. Me observaba a través del cristal y me tenía inmovilizada en la silla con la mirada. Aparté la cabeza con tanta brusquedad que la silla chirrió contra el piso. El corazón me latía descontrolado. Abrí la carpeta y fingí concentrarme en la primera página.

¿Así serían todos los días? ¿Apollo me vigilaría desde esa oficina como un halcón? ¿Cómo iba a trabajar si sentía su mirada sobre mí?

Exhalé, temblorosa, y hundí más la nariz entre los documentos.

—Genial —murmuré.

***

Apollo

No pude contener una sonrisa al mirar a la mujer sentada al otro lado del cristal de mi oficina.

—Mmm... señor Reed, ¿sucedió algo? —La pregunta de Austin me sacó de mis pensamientos.

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