Grace
No necesitaba mirar para saber que todos me observaban.
Era como si me hubieran puesto bajo un reflector sin haberlo pedido ni saber qué hacer. Aun sin el disfraz, nunca había sido de las que llamaban la atención, ni en la escuela, ni en la universidad y mucho menos en ese lugar. Estar ahí, bajo las miradas penetrantes de decenas de personas, no solo era incómodo, sino bochornoso.
—La están llamando —murmuró alguien a mis espaldas.
—Miren su credencial. Se llama Grace y es del departamento de relaciones públicas.
—¿Por qué llamaría la vicepresidenta a alguien como ella? —preguntó otra voz.
—Creo que escuché que una de las nuevas empleadas de relaciones públicas resolvió el escándalo del famoso. Quizá sea ella.
—Aunque sea ella —se burló otra persona—, mírenla nada más. ¿Por qué subiría con el CEO y la vicepresidenta de la compañía? No está a su nivel.
Sus murmullos resonaban en mis oídos. Mantuve una actitud indiferente, sin darles el gusto de verme afectada. No era ninguna ingenua; sabía que reaccionar solo los envalentonaría. Además, no tenía tiempo para dramas.
—¿Vas a quedarte ahí parada —dijo una voz grave— o vas a entrar?
Levanté la cabeza, sobresaltada. Apollo seguía mirándome. Escuché las exclamaciones de la gente a mi alrededor. Hasta River, detrás de mí, inhaló bruscamente, como si no pudiera creer lo que acababa de escuchar.
Genesis, de pie junto a Apollo, sonrió con complicidad y satisfacción.
—Sí —añadió con dulzura—. Además, yo decido a quién dejo entrar.
Sin dejar de sonreír, se volvió hacia el grupo de empleados que aún esperaba afuera.
—¿Quién se atreve a cuestionarme?
La multitud se quedó inmóvil. Algunos tragaron saliva con nerviosismo; otros retrocedieron con la cabeza un poco gacha ante su mirada.
Genesis inclinó la cabeza y asintió.
—Ya veo. Nadie. —Volvió a mirarme como si nada hubiera pasado—. Entra. De todos modos, vamos al mismo piso.
Antes de que pudiera responder, me tomó de la mano y tiró de mí hasta meterme en el ascensor. Algo en ese tirón me hizo pensar que lo había hecho a propósito. Mi hombro rozó el suyo y, de pronto, mi frente chocó contra algo sólido.
Casi grité al trastabillar contra el pecho de Apollo. Su pecho era firme; el aroma de su colonia me envolvió y sentí que me ardía la cara.
—Vaya, miren nada más —dijo Genesis con fingida inocencia—. Qué accidente.
Tragué saliva y me obligué a alzar la mirada. Apollo ya me observaba, pero no pude descifrar su expresión.
Retrocedí y bajé un poco la cabeza.
—Discúlpeme, señor.
Sin esperar respuesta, me alejé unos pasos y me pegué a la pared del ascensor.
—Buenos días —me saludó Austin con una sonrisa.
Tenía razón, sin duda sabía quién era.
Chase levantó una mano para saludarme y me dedicó una sonrisa juvenil.
—Buenos días, señorita Grace.
Le devolví una sonrisa forzada.
—Buenos días.
Busqué a River con la mirada. Cuando las puertas empezaban a cerrarse, una mano se interpuso y las detuvo.
—¿Hay espacio para uno más?
River habló con despreocupación. Entró con soltura antes de que alguien pudiera responder. Luego, sin titubear, cruzó el espacio y se colocó detrás de mí.
Las puertas del ascensor se cerraron. Todos miraron a River como si acabara de meterse en la boca del lobo sin que le importara. No pude ocultar mi sorpresa. ¿En qué demonios estaba pensando? Una persona normal habría evitado una situación así como la peste, pero él entró y, para colmo, sonreía como si estar encerrado con Apollo y Genesis no fuera gran cosa.

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