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Compláceme, Papi romance Capítulo 71

Grace

Una vez, una vidente me dijo que llevaría una vida agitada, llena de sorpresas y emociones, pero no le creí. Me reí de ella. Mi vida siempre había sido terriblemente común.

Me enamoré de un hombre común, iba a casarme con él y tendríamos hijos juntos. Simple y predecible. Tal vez hasta aburrida. Pero una vida aburrida no siempre era mala. Estaba lista para pasar el resto de mi vida en aquel mundo pequeño y tranquilo.

Pero ¿quién habría imaginado que su profecía se cumpliría? De la noche a la mañana, mi mundo pasó de la normalidad a la locura. Y ahora estaba ahí, viviendo una vida nada común. Tal vez, después de todo, no debí llamar farsante a la vidente. En ese momento vivía dos vidas distintas, una como yo misma y otra como una mujer nerd que nadie recordaría, con lentes y una peluca rubia.

Suspiré y apreté la correa del bolso. Al día siguiente, llevaba un vestido marrón que había comprado el día anterior en la tienda. Era un poco más holgado de lo que me gustaba, pero perfecto para pasar desapercibida. Gracias a la habilidad de Eleanor con las tijeras, la peluca tenía ahora un flequillo más largo que me cubría casi toda la cara.

Qué ironía. La única persona de la que me escondía ya sabía quién era. Aun así, ahí seguía fingiendo porque lo último que necesitaba era que alguien más de la empresa se enterara.

—Otra vez estás perdida en tus pensamientos.

La voz grave me sobresaltó tanto que estuve a punto de tropezar. El corazón se me subió a la garganta. No necesitaba darme vuelta para saber quién era.

River.

Me di vuelta. Estaba a unos pasos detrás de mí, con esa sonrisa burlona tan suya y las manos metidas despreocupadamente en los bolsillos. Llevaba una camisa blanca impecable con los primeros botones desabrochados y unos pantalones negros; parecía recién salido de las páginas de una revista de moda.

Y si te fijabas bien, alcanzabas a ver el borde de un tatuaje en su pecho. No es que yo estuviera prestando atención. Se me fue la mirada hacia su pecho por accidente.

Parpadeé y estudié su cara en busca de alguna señal de que me reconociera. River solo me devolvió la mirada con calma, alzó una ceja e inclinó un poco la cabeza.

—¿Tengo algo en la cara? —preguntó en tono divertido.

Sentí un gran alivio y solté el aire despacio. Gracias a Dios. No parecía reconocerme. Negué con la cabeza y forcé una sonrisa.

—Ah, no. No tienes nada.

Sonrió aún más.

—Me alegra que por fin hayas vuelto. Te extrañé.

Sus palabras me sorprendieron. No debería haberme puesto tan contenta al escucharlas, pero así fue. Era lindo saber que al menos una persona de la oficina había notado mi ausencia y de verdad extrañaba tenerme cerca.

Le devolví la sonrisa.

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