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Compláceme, Papi romance Capítulo 54

Grace

—Vuelve a casa, renuncia a tu trabajo y la próxima semana te casarás con Charles.

Miré al hombre despiadado que estaba sentado al otro lado de la sala, como un rey que dictaba el destino de alguien inferior a él. No gritaba, pero sus palabras tenían la autoridad y el poder de un hombre tan acostumbrado a que lo obedecieran que olvidaba que las personas no eran objetos que pudiera mover a su antojo.

Pensé en mil cosas que decir. En mil maneras de gritar que no, pero no me salió ni una palabra.

Tenía la garganta cerrada. La lengua no me respondía. El corazón me golpeaba las costillas como si quisiera escapar del pecho.

¿Volver a casa? ¿Con mis padres manipuladores? ¿Renunciar a mi trabajo? ¿Después de lo mucho que me costó conseguirlo? ¿Casarme con Charles? ¿Con un hombre al que ni siquiera le gustaban las mujeres?

No era una simple exigencia, sino una condena a muerte para mi libertad, mi carrera y para mí misma. Significaba vivir en una jaula; ya sentía que las paredes se cerraban a mi alrededor.

Cerré los puños.

—No.

Alzó una ceja, la única reacción en aquella cara de piedra.

—¿No?

Asentí con las manos temblorosas.

—N-no puedo. Lo siento. No quiero esto. Busque a alguien a quien no le moleste vivir así. Yo no quiero...

—Parece que no entendiste —me interrumpió el señor Grayson con voz tranquila y cruel. Cruzó una pierna sobre la otra y me miró como si fuera la chica más tonta de la sala.

—No te estaba dando a elegir. Lo harás, te guste o no.

Se me revolvió el estómago, pero algo despertó en mi interior. Era la parte de mí que había intentado enterrar, la que estaba cansada de que me presionaran, me silenciaran y dispusieran de mí como si mi existencia no importara.

Tragué saliva y levanté el mentón.

—Sí tengo elección. Usted no decide mi vida. No me casaré con su hijo. No quiero volver a saber nada de su familia, así que daré por olvidado todo esto.

Volví la mirada hacia la madre de Charles. Se estremeció cuando nuestras miradas se encontraron.

—La próxima vez que me lance algo, no dudaré en lanzarle algo yo también —dije con dureza—. Y créame, le va a doler.

Abrió la boca, lista para responder, pero miró a su esposo y volvió a cerrarla. Me volví hacia mis padres.

Mi padre parecía a punto de explotar; las venas del cuello se le marcaban. Mi madre me miraba con los ojos muy abiertos, incrédula, como si me viera por primera vez.

Respiré hondo y me dispuse a salir.

—Antes de pensar solo en ti, deberías acordarte de tus amigos, muchacha.

Me quedé inmóvil. Apreté el puño junto al cuerpo. Claro que iba a recurrir a eso. Había rezado para que no lo hiciera, con la esperanza de que incluso los monstruos respetaran algún límite. Pero debí haberlo imaginado.

Me mordí el labio inferior y me volví despacio, procurando no revelar nada en la voz.

—¿Qué pasa con ellos?

Me sostuvo la mirada.

—¿No temes por ellos, aunque no temas por ti misma?

No respondí.

—Son inocentes en todo esto, pero por tu culpa están a punto de ver cómo sus vidas se desmoronan.

Sonreí. Me temblaron los labios mientras hacía un gesto indiferente con la mano.

—No me importa. Haga lo que quiera con ellos.

Sonrió con burla, como si yo fuera transparente para él.

—Ah, ¿sí?

Se inclinó hacia delante y apoyó los codos en las rodillas.

—Entonces, ¿por qué viniste corriendo en cuanto los amenacé?

Me sobresalté. Sabía que esa era la única razón por la que había ido, que jamás habría entrado en la boca del lobo si se tratara solo de mí. Tragué saliva y conseguí responder:

—Usted llamó. Aunque no hubiera amenazado a nadie, habría venido para dejarle claro que no quiero volver a saber nada de Charles.

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