Grace
Suspiré mientras me llevaba otra cucharada de helado de menta a la boca. El helado empezaba a derretirse por los bordes, pero no me importaba.
Desde el otro extremo del sofá, Eleanor y Wyatt intercambiaron una mirada, aunque no dijeron nada. Las luces de la sala estaban tenues y el televisor proyectaba destellos suaves por toda la habitación mientras los gemelos veían dibujos animados.
Liana y Lucas ya estaban en el piso frente al sofá, acurrucados bajo una manta que les cubría las piernas. Reían y compartían un envase de helado de vainilla.
Eleanor y Wyatt compartían un helado de fresa. Yo, en cambio, seguía fiel a mi helado de menta de siempre. Volví a suspirar sin sacarme siquiera la cuchara de la boca. Eleanor por fin dejó el helado, se volvió hacia mí y alzó las cejas.
—¿Qué te pasa? —preguntó, entornando los ojos como si ya supiera la respuesta—. ¿Vas a pasarte el resto de la noche suspirando?
Parpadeé; la pregunta me tomó por sorpresa.
—¿Estoy suspirando?
Wyatt rio. Eleanor se limitó a negar con la cabeza.
—Ni siquiera te habías dado cuenta —dijo.
Sin apartar los ojos de la pantalla, Liana intervino como si llevara toda la vida esperando su oportunidad.
—Llevas rato suspirando, tía Grace. Parece que piensas en algo y vuelves a ponerte triste.
Lucas asintió a su lado.
—Sí. Como si... estuvieras decepcionada de tu cerebro.
Me quedé mirando a los niños, perpleja. ¿Decepcionada de mi propio cerebro? ¿Qué se suponía que significaba eso? Me rasqué la nuca.
—Ni siquiera me había dado cuenta de que suspiraba.
Wyatt me miró.
—¿Pasa algo?
Vacilé al sentir que me ardía el cuello.
—No, solo estoy cansada.
Eleanor suspiró.
—¿Cansada? ¡No te creo! Seguro piensas en ese jefe tan sexy que tienes.
La habitación quedó en silencio. Liana, Lucas y Wyatt me miraron. Me invadió la vergüenza.
—Eso no...
Liana se puso seria.
—¿Tu jefe te maltrató, tía? Porque, si lo hizo, tienes que contármelo. Iré a pelear con él.
Lucas asintió.
—Yo también.
Casi me atraganté.
—No, no me maltrató. —Agité las manos frente a ellos—. No tiene nada que ver con eso.
Eleanor sonrió con picardía, se recostó contra el respaldo y se estiró.
—No, niños. No la maltrató. —Me guiñó un ojo—. Pero su tía no deja de pensar en él. Sobre todo hoy, que es el último día del...
Me giré en seco hacia ella y le tapé la boca con la mano.
—¿Estás loca? —le espeté entre dientes.
Ya se reía contra mi palma. Liana ladeó la cabeza.
—¿El último día de qué?
Lucas frunció las cejas y asintió.
—Sí, ¿de qué?
Eleanor seguía riéndose y trataba de hablar, aunque yo todavía le tapaba la boca con la mano. Miré a Wyatt para indicarle que hiciera algo.
Wyatt suspiró y se puso de pie.
—Muy bien, ya basta por hoy. Niños, es hora de dormir.
—¿Por quééé? —protestó Liana y estiró las piernas con dramatismo—. ¡Todavía queremos quedarnos despiertos y saber qué preocupa a tía Grace! ¡Queremos ayudar!
Lucas volvió a asentir.
—Sí. Podemos ayudar.
Wyatt se agachó, sujetó a Liana con un brazo y la levantó sin esfuerzo mientras ella apenas pataleaba.
—No pueden ayudarla —dijo con paciencia—. Y ya es tarde.
Luego sujetó a Lucas con el brazo libre y también lo alzó. Lucas dejó escapar un pequeño quejido, pero no protestó.
—Yo los acostaré —avisó Wyatt sin volverse. Ya iba hacia las escaleras.
—¡Avísanos cuando ya no estés triste, tía Grace! —gritó Liana.

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