Grace
Me ardió la cara al instante. Eleanor sonrió con una malicia que se le notaba cada vez más.
—Uy, mírate, toda roja y nerviosa. Algo pasó, ¿no? ¡Con razón has estado inquieta y tensa todo el día!
Le aparté la mano de un manotazo y me llevé las manos a las mejillas, que, para colmo, me ardían como lava.
—¿D-de qué hablas? —dije de prisa, tratando de no parecer una criminal acorralada—. No pasó nada. Siempre se me pone la cara roja. Lo sabes. No seas tan dramática.
Me miró con burla.
—Sí, se te pone la cara roja. Pero suele pasarte cuando algo te da vergüenza. Por ejemplo, no sé, cuando algo pasa entre tú y ese hombre que te quita el aliento.
—No hay ningún hombre —murmuré.
—Claro, pero sí hubo algo entre tú y tu jefe.
—En serio, no pasó nada. ¡Ni siquiera nos acostamos!
Wyatt, que había estado callado, levantó la mirada de su jugo y parpadeó.
—Entonces... ¿hicieron otra cosa?
Casi me muero de vergüenza. Los miré a él y a Eleanor. Los dos tenían la misma expresión, ojos enormes y la boca entreabierta.
—¡Carajo! —Estalló Eleanor, y por poco tira su vaso de agua—. ¡Era broma! Entonces, ¿en serio hiciste algo con tu jefe... otra vez?
—¿O-otra vez? ¿Cómo que otra vez? —balbuceé—. ¡La otra vez fue un accidente! Estaba borracha, ¡ni siquiera me acordaba de la mitad hasta el día siguiente!
—Pero pasó —dijo triunfante, señalándome con el dedo—. Y ahora me vas a contar todo. ¿Qué pasó esta mañana entre tú y el señor dominante y sexy?
—Yo...
—Ni se te ocurra saltarte nada —me interrumpió Eleanor—. Empieza. Desde. El. Principio.
Los miré a los dos, inclinados hacia mí. Wyatt hasta se había apoyado el mentón en la mano. Suspiré. ¿Con quién más iba a hablar, si no con ellos?
—Está bien —murmuré—. En resumen, entré a su oficina... y la cosa se fue calentando. Una cosa llevó a la otra y terminó haciéndome sexo oral.
El silencio se hizo pesado en la cocina. Hasta el zumbido tenue del refrigerador parecía juzgarme. Eleanor se acercó y me agarró las manos.
—Grace.
—¿Sí?
—Estoy muy orgullosa de ti.
—¿Qué?
Asintió con seriedad.
—Por fin estás saliendo de esa burbuja de ansiedad tuya. Aunque no me imaginé que el primer gran paso sería seducir a tu jefe, tengo que admitirlo, ¿lograste que te hiciera sexo oral? Eso es épico.
Gemí y me jalé el cabello.
—Eleanor, lo estás entendiendo mal. No fue porque yo lo sedujera, sino porque él quiso. Si acaso, fue al revés. Ese hombre me sedujo a mí. Y me arrepentí en cuanto terminó.
—¿Él te sedujo a ti? —Casi chilló Eleanor, y por poco se le cae el vaso de la impresión—. ¿Con ese disfraz puesto? Tengo que decirlo, Grace, aunque sigues siendo preciosa, ese hombre tiene gustos raros.
—Lo estás entendiendo mal. Él lo supo todo el tiempo. Sabía que era la chica de esa noche, incluso con la peluca y los lentes.
Wyatt abrió mucho los ojos.
—¿En serio?
Se me escapó una risa sin gracia.
—Sí. Y dejó que hiciera el ridículo. Me estaba observando y fingía no saber nada, solo para tratarme como una rareza en exhibición.
Eleanor se rio, fascinada.
—Dios, me cae bien.
La fulminé con la mirada y ella levantó las manos en señal de rendición.
—Perdón, perdón. Sigue. ¿Y ahora qué? ¿Te... despidieron?

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