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Compláceme, Papi romance Capítulo 199

Apollo

Miré a Ryan. Sus palabras resonaban en mi cabeza, el presente se confundió con el pasado y me arrastró al origen de todo lo que salió mal entre los Reed y los Jones.

La primera semilla del odio entre nuestras familias se sembró mucho antes de que nos convirtiéramos en rivales empresariales. Todo comenzó con algo mucho más personal.

En aquel entonces creíamos que mi madre y el padre de Ryan habían tenido una aventura.

Aún recuerdo el día en que todo salió a la luz, cómo el ambiente de nuestra casa se volvió asfixiante. Mis padres peleaban como desconocidos, a gritos y con crueldad, lanzándose palabras con el único propósito de lastimarse en vez de solucionar algo.

Ese día, mi padre descubrió a mi madre y al padre de Ryan entrando juntos a un hotel. La evidencia que tenía frente a él parecía innegable. Mi padre tenía suficiente poder e influencia para ocultar la historia antes de que llegara a la prensa, pero silenciar a los medios no borraba el escándalo. Las familias Reed y Jones lo sabían, y bastaba con eso para cambiarlo todo.

Aún recuerdo que mi padre me llevó aparte esa noche. Tenía una actitud sombría e indescifrable cuando me advirtió que me alejara de la familia Jones, sobre todo de Ryan, el hijo mayor. Su voz era fría y firme, sin margen para discutir.

Más tarde, cuando vi a Ryan, supe que su madre también le había dicho que se alejara de los Reed, sobre todo de mí. Como si nosotros fuéramos responsables de los pecados de nuestros padres.

No les hicimos caso. Éramos jóvenes, sí, pero no ingenuos. Ya éramos más maduros que la mayoría de los chicos de nuestra edad. No permitimos que los errores de los adultos destruyeran lo que habíamos construido. Así que seguimos siendo amigos, desafiando a nuestras familias.

Después llegó la segunda semilla del odio, la que lo destrozó todo. Nos dijeron que mi madre y el padre de Ryan se habían suicidado juntos.

Según aquella versión, no habían tenido el valor de enfrentar a sus familias ni las consecuencias de sus decisiones. En cambio, habían elegido la muerte, creyendo que, al acabar juntos con sus vidas, podrían estar el uno con el otro sin que nadie los juzgara. Aún recuerdo con claridad la conmoción y la incredulidad de ese día, y el silencio que siguió a la noticia.

Recordé la expresión de mi padre cuando vio el cuerpo frío de mi madre junto al del padre de Ryan. Era una traición tan profunda que lo dejó vacío. Y la expresión de la madre de Ryan reflejaba la suya. El mismo dolor, la misma furia, la misma incredulidad. No solo lloraban la pérdida de sus parejas; también se culpaban mutuamente por lo ocurrido.

Esos reproches se transformaron en odio, y ese odio consumió a ambas familias.

Desde aquel día, los Reed y los Jones se despreciaron con toda el alma. No soportaban estar en el mismo lugar, y bastaba con escuchar el nombre de la otra familia para que estallara la ira. Ambas familias estaban de luto, hundidas en la pérdida, y ninguna sabía cómo sobrellevarla. Así que, como suele hacer la gente en esa situación, convirtieron su dolor en ambición y rivalidad.

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