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Compláceme, Papi romance Capítulo 194

Grace

Abrí la puerta despacio y entré en la habitación. Una luz intensa me envolvió. El lugar no se parecía en nada al espacio sombrío y sin vida que recordaba.

Por un momento me quedé allí, parpadeando mientras mis ojos se acostumbraban a la luz y observaba los cambios. Las paredes ya no estaban vacías; había dibujos coloridos pegados por todas partes, torcidos y desordenados, pero llenos de vida. Había crayones esparcidos por la mesita y la cama estaba bien tendida, con varios peluches que sin duda no estaban la última vez que vine. Por fin parecía la habitación de una niña, como debió haber sido desde el principio.

Hannah levantó la mirada al escuchar que se abría la puerta. Alzó su dibujo con entusiasmo, sosteniéndolo bien alto con sus manitas.

—Genesis, mira... —empezó a decir con voz alegre, pero entonces me vio. Se interrumpió a media frase. Se quedó mirándome con los ojos muy abiertos, inmóvil, como si no estuviera segura de que yo fuera real.

Me toqué la cara. Claro. No llevaba los lentes ni la peluca. Tragué saliva y le sonreí.

—Hola, Hannah —dije con dulzura—. Soy yo, Gr...

Ni siquiera alcancé a terminar la frase. Hannah saltó de la cama y corrió hacia mí. Se aferró a mis piernas con sus bracitos, como si temiera que desapareciera si me soltaba.

—¡Grace! —exclamó—. ¡Eres tú!

Me quedé inmóvil, sorprendida por el contacto repentino, y el corazón casi se me salió cuando bajé la mirada hacia ella. Por un segundo, la mente se me quedó en blanco, hasta que reaccioné. Me arrodillé y la estreché entre mis brazos.

—Sí, soy yo. —Me separé apenas lo necesario para mirarle la cara—. ¿Cómo estás?

Me miró con una sonrisa radiante, amplia y orgullosa.

—Me he portado bien —se apresuró a decir—. También he estado comiendo bien. Todos dicen que soy una buena niña.

—Tienen razón. Eres una niña muy buena —le dije mientras le pasaba la mano por el cabello para acomodárselo hacia atrás.

Su sonrisa se volvió aún más radiante, como si llevara mucho tiempo esperando escuchar esas palabras. Me tomó de la mano y me jaló con entusiasmo.

—Hice muchos dibujos —dijo—. ¡Te los voy a enseñar!

Asentí y dejé que me llevara hasta la cama.

Había montones de dibujos repartidos sobre ella, con trazos desordenados y colores intensos que se superponían. Me senté y levanté a Hannah con cuidado para acomodarla a mi lado antes de tomar los dibujos uno por uno. Eran torpes, pero adorables.

—Vaya, están muy bien. Tienes mucho talento —le dije entre risitas mientras los miraba.

Se sonrojó ante el elogio y bajó la cabeza con timidez. Tomé el siguiente dibujo y me detuve. Era un retrato de trazos desordenados de una mujer con lentes. Parpadeé y luego alcé una ceja mientras me señalaba.

—¿Esa... esa soy yo?

—S-sí —dijo Hannah, asintiendo rápidamente mientras se retorcía los dedos—. ¿Está bien?

Se me escapó una risita. La atraje hacia mí y la abracé con fuerza.

—Sí. Está perfecto.

Sonrió, aliviada, y se relajó entre mis brazos. Seguí mirando los dibujos, todavía sonriendo, hasta que llegué al último. Mis manos se quedaron inmóviles al ver el dibujo de cuatro personas. Un hombre, una mujer y una niña estaban juntos al frente, tomados de la mano. Detrás de ellos, un poco apartada, había otra mujer.

Me quedé mirando el dibujo un largo rato antes de levantar lentamente la mirada hacia Hannah. Mis dedos apretaron el papel.

Entreabrí los labios y volví a cerrarlos, dividida entre dos impulsos. Mi mente me instaba a hacer preguntas, pero mi corazón se negaba. Sabía que debía preguntarle qué había pasado, pero no me atrevía. No podía ser yo quien la hiciera revivir recuerdos que quizá aún no estaba lista para afrontar, no cuando apenas había vuelto a sonreír.

Suspiré y me pasé una mano por el cabello, obligándome a relajarme.

Hannah ladeó la cabeza y me observó con atención. Parecía comprender mucho más de lo que correspondía a una niña de su edad.

—¿Qué pasa? —preguntó en voz baja.

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