Entrar Via

Compláceme, Papi romance Capítulo 192

Grace

Todavía me parecía como si hubiera entrado en un sueño que ni siquiera sabía que podía permitirme tener.

Habían pasado demasiadas cosas en los últimos días, cosas que me confundían, que no entendía del todo, que sabía que quizá nunca lograría desenredar y, aun así, por una vez, nada de eso importaba. No quería pensar en el pasado ni preocuparme por el futuro. No quería analizar, cuestionar ni dudar.

Solo quería vivir el presente. Y, en ese momento, el presente era el hombre que tenía enfrente.

Alcé la mirada hacia Apollo y lo observé cortar cebollas y verduras. Sus movimientos eran precisos y rápidos, pero no descuidados, como si cocinar fuera algo que siempre había sabido hacer.

Llevaba las mangas de la sudadera subidas, dejando al descubierto los antebrazos, y me descubrí siguiendo con la mirada esa tensioncita de sus músculos y las venas que se marcaban bajo la piel mientras movía sus largos dedos. Tragué saliva y aparté la mirada, molesta conmigo misma por quedarme mirándolo, pero me di cuenta de que eso no ayudaba mucho.

Dios. ¿Debía sorprenderme más que mi jefe, el hombre al que antes le temía más que a nadie, estuviera preparándome el desayuno tranquilamente en su cocina? ¿O debía preocuparme más por no poder controlarme y acabar lanzándome sobre él otra vez, después de apenas haber logrado contenerme unos momentos antes?

Suspiré y me obligué a concentrarme en otra cosa, porque a esas alturas mis pensamientos se estaban volviendo peligrosos.

De algún modo, me había acostumbrado tanto a su contacto en tan poco tiempo que ahora su ausencia me inquietaba. Sin sus manos sobre mí ni su cuerpo pegado al mío, sentía un vacío desconocido.

Sacudí la cabeza para intentar ahuyentar el calor que me subía por la espalda, sobre todo cuando amenazaban con aflorar los recuerdos de la noche anterior, de lo segura que me había sentido al hacerle sexo oral, de lo fácil que me había resultado dejarme llevar, de lo bien que me había hecho sentir.

—Contrólate, Grace —murmuré entre dientes y cerré los ojos un breve instante—. Ahora no.

Antes, mientras cocinaba, Apollo me había dicho que me sentara y empezara a comer lo que ya estaba listo mientras él terminaba de preparar lo demás. Había querido protestar y decirle que podía encargarme, pero las palabras nunca salieron de mi boca. Mi cuerpo le había obedecido antes de que mi mente pudiera discutir, y ahora estaba cómodamente sentada a la mesa mientras mi hombre cocinaba para mí como si fuera algo cotidiano.

La idea me hizo sonreír antes de que pudiera evitarlo, sobre todo cuando cierta palabra se me cruzó por la mente.

“Mi hombre”.

Mi sonrisa se ensanchó a mi pesar. Así era. Apollo era mi hombre. Estábamos en una relación. Que todavía me sintiera nerviosa, insegura o abrumada no cambiaba ese hecho.

Apollo era mi novio. El hombre que antes me intimidaba con una sola mirada ahora estaba en su cocina, preparándome el desayuno, mientras la luz del sol inundaba el lugar.

Volví a mirarlo y, esta vez, me di cuenta de que él ya me estaba mirando, como si hubiera estado observándome todo el tiempo, atento en silencio a cada una de mis expresiones mientras yo me perdía en mis pensamientos.

Cuando nuestras miradas se cruzaron, alzó ligeramente una ceja, como si me preguntara en silencio qué estaba pensando. Sentí que el calor me subía a la cara y aparté la mirada, demasiado consciente de la intensidad con que me miraba.

Para escapar de esa mirada, tomé la botella de jarabe, convenciéndome de que solo tenía hambre y no estaba nerviosa en absoluto.

Desenrosqué la tapa y levanté la botella sobre los panqueques, pero, en cuanto percibí el olor, se me revolvió el estómago.

—Ay...

Tuve una arcada y me tapé la boca con una mano cuando las náuseas me invadieron. La botella se me resbaló de los dedos y cayó sobre la mesa con un golpe mientras yo me echaba hacia atrás; mi cuerpo reaccionaba antes de que mi mente pudiera entender lo que pasaba.

Antes de que siquiera alcanzara a comprender del todo lo que ocurría, Apollo ya estaba a mi lado.

Soltó lo que tenía en las manos y se acercó. Me presionó la espalda con una mano mientras se inclinaba hacia mí, con el ceño fruncido y los ojos color avellana atentos, con preocupación.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Compláceme, Papi